En ese sentido, señalan que la ingesta de líquidos calientes no debe sobrepasar la capacidad de tolerancia de la persona debido a los efectos contraproducentes que puede generar para la salud.
Los especialistas de la salud sostienen que el consumo frecuente de un líquido caliente más allá del límite de tolerancia, progresivamente va dañando las células del tejido del sistema digestivo superior. El agua muy caliente puede incluso perjudicar las papilas gustativas, el tejido de la base de la lengua, la faringe y el esófago, y, sobre todo, la unión del esófago gástrico.
Esta transición del esófago gástrico, es el lugar donde los líquidos que se consumen impactan. Cuando se daña dicha transición, puede producir cáncer de colon. Este que no produce síntomas hasta que se halla en estado avanzado y se manifiesta con dificultad cada vez que se ingiere alguna comida. Del 30 al 40% de este tipo de cáncer está asociada a la ingesta de líquidos a temperaturas muy altas.
Otra de las consecuencias de consumir bebidas muy calientes es la disfunción del esófago que se traduce con dolor retroesternal, más conocido como dolor en la boca del estómago. Cuando aparece este síntoma hay que investigar si se trata de una lesión esofágica o gástrica, preinfarto y úlcera también.



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