Alcaraz y Sinner, que en el mismo da sumaron su triunfo 50 en partidos del Grand Slam, los primeros tenistas nacidos en el siglo XXI en lograrlo, disputarn el viernes la semifinal ms joven de un grande desde la que jugaron en el Abierto de Estados Unidos de 2008 el espaol Rafa Nadal y el britnico Andy Murray.

Ser el duelo ms esperado de la edicin, el que representa la pujanza de la nueva generacin, 21 aos Alcaraz, 22 Sinner, el mismo da que el serbio Novak Djokovic, 37, anunci que no poda seguir por una lesin de rodilla, dejando bacante la corona lograda el ao pasado y el nmero 1 del mundo que heredar el italiano.

Si Sinner no tuvo muchas dificultades para derrotar al blgaro Grigor Dimitrov, dcimo favorito, 6-2, 6-4 y 7-6(3), Alcaraz firm un marcador similar ante Tsitsipas, noveno, en dos horas y 15 minutos.

En su segunda comparecencia en el turno de noche, cuatro das despus de haber sometido al estadounidense Sebastian Korda, Alcaraz volvi a sacar el rodillo ante un rival al que le tiene tomada la medida.

Ya lo haba avisado Carlitos. S lo que tengo que hacer contra l. Y lo hizo. La clave estaba en la paradoja, jugar al revs. El del griego es elegante, a una mano, amplio, esttico, casi dionisiano como su perfil, pero es terciopelo y no rasga, lo que deja al rival el lujo de contrarrestarlo con comodidad.

Cinco veces haba escrito Alcaraz esa doctrina y todo el mundo la haba ledo, menos el griego, que volvi a chocar contra el mismo muro, como hace un ao en el mismo escenario, los mismos protagonistas, el mismo nudo e idntico desenlace.

El dramaturgo Fernando Arrabal, residente en Pars, quiso verlo desde la grada. A sus 91 aos soaba con asistir a un duelo del genial murciano que empieza a entusiasmar. Viva la muerte, escriba con su raqueta Alcaraz emulando al surrealista. Ganar jugando al revs.

Desde el principio, el partido iba ya condicionado. Como si el final estuviera escrito y el nmero 3 del mundo solo tuviera que ponerle dramaturgia. En media hora ya haba cerrado el primer set y con cinco juegos seguidos puesto casi la firma al final.

Tsitsipas busc un giro de guin en el pblico, al que alent, brazos en alto, y los gritos de Stefanos, Stefanos le despertaron. Cambi la trama, saque y bolea, algo diferente para resistir.

Surti efecto, el duelo se equilibr. Ben Stiller, que tambin lo presenciaba, aplauda a rabiar. Ya no era un monlogo y Alcaraz entr en uno de esos baches de juego, de atencin, que hicieron que partido tuviera ms historia, que se fuera a un juego de desempate con ms intriga.

Pero el libreto era el mismo, el espaol se lo apunt y ya solo quedaba buscar un final feliz. El tercer acto fue un trmite, con el griego ya casi rendido, convencido de que aquello era para l una tragedia en la que su personaje sala mal parado.

Tiene problemas el heleno ante los jugadores de talla. Este ao haba ganado a dos top-5, haba triunfado en Montecarlo, llegado a la final de Barcelona. Pero frente a Alcaraz, su actuacin se desmorona. Cada vez.

Alcaraz arrebat el servicio del heleno en el sptimo juego y ech el teln con una de sus caractersticas dejadas.