Entre 2011 y 2020, estos cuatro países representaron el 80 por ciento de los periodistas asesinados en Latinoamérica, lo que pone a dichos países entre los más peligrosos de la región para el periodismo, según un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicado en mayo. De los 139 periodistas muertos, el 46 por ciento cubría temas de crimen organizado en alguna forma y el 39 por ciento informaban sobre política, según el grupo de defensa de periodistas, que analizó información sobre los asesinatos en la región.
Los principales objetivos de los atacantes “fueron los reporteros de la zona que denuncian y critican la apropiación indebida de recursos, entre otras acciones ilegales”, según escribieron los autores del informe.
Muchos de los homicidios exhibieron sellos distintivos de los ejecutados por los grupos criminales. Uno de cada cuatro periodistas fue secuestrado antes de ser asesinado, y posteriormente se hallaron sus cuerpos, muchas veces con señales de tortura.
El ejercicio periodístico resultó especialmente peligroso en ciudades y localidades pequeñas. De los periodistas asesinados, el 56 por ciento vivía en lugares con menos de 100.000 habitantes.
Casi la mitad de los periodistas asesinados había denunciado que habían recibido amenazas, ya fuera mediante publicaciones en redes sociales o informando a sus jefes o a las autoridades. Solo diez de ellos recibieron algún tipo de protección del gobierno.
Si bien el 93 por ciento de los periodistas asesinados fueron hombres, el informe señaló que las periodistas muchas veces son silenciadas mediante campañas de amenazas y abusos dirigidos a ellas y sus familias.
Fuente: InSight Crime



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