Asturio Marques forjó una trayectoria profesional marcada por una dedicación incansable a la población fronteriza, atendiendo a generaciones de familias con competencia técnica y una sensibilidad excepcional. En una región donde el acceso a la atención médica presenta constantes dificultades, se destacó como un profesional presente y atento, siempre dispuesto a ir más allá del cumplimiento de su deber.

Reconocido como un médico ejemplar, Asturio poseía cualidades que lo convirtieron en un referente: sólidos conocimientos, una práctica impecable y, sobre todo, humanidad. Sus pacientes no eran meros casos clínicos, sino personas con historias, miedos y esperanzas, algo que nunca ignoró en su trabajo.

Antes de iniciar su carrera en la medicina civil, Asturio Marques también sirvió a su país como mayor en el Ejército Brasileño. La disciplina y el sentido de la misión adquiridos en la vida militar lo acompañaron a lo largo de su carrera, reflejándose en su compromiso con el bien común y la ética con la que ejerció su profesión.

Además de la medicina, también participó en la vida política, buscando contribuir a mejoras estructurales en la región. Sus acciones estuvieron guiadas por el interés público y el deseo de promover condiciones más dignas para la población fronteriza, especialmente en los ámbitos de la salud y la asistencia social.

Con el paso de los años, Asturio se convirtió en mucho más que un médico: fue un consejero, un amigo y un refugio seguro para muchos. En momentos de vulnerabilidad, su presencia brindaba consuelo y confianza, cualidades que permanecen vívidas en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.

La frontera entre Brasil y Paraguay, con sus singulares características culturales y sociales, siempre encontró en Asturio Marques a un profesional capaz de comprender y respetar sus complejidades. Se movía con empatía entre diferentes realidades, ofreciendo atención sin distinción.

Su legado trasciende las clínicas y los hospitales. Está presente en las historias de vidas salvadas, en los actos de solidaridad y en la inspiración que deja a las nuevas generaciones de profesionales de la salud, quienes encuentran en su trayectoria un ejemplo a seguir.

En este momento de duelo, Ponta Porã se despide de una de sus figuras más destacadas, quizás la más importante en el ámbito de la salud. La ausencia de Asturio Marques se sentirá profundamente, pero su historia perdurará como símbolo de dedicación, ética y amor por los demás.

La ciudad ha perdido a un médico, pero la memoria colectiva conserva a un hombre cuya vida estuvo dedicada por completo al cuidado de los demás. Y así será recordado: como alguien que hizo de la medicina no solo una profesión, sino la misión de su vida.