El director nacional de epidemiología del Ministerio de Sanidad de Bolivia, Freddy Armijo, avisó de que los más vulnerables son los niños y las personas de edad avanzada y ha precisado que la falta de agua potable obliga a buscar “cualquier tipo de líquido, lo que deriva en enfermedades estomacales”.

“Incluso el agua de los pozos puede tener contaminación y es un riesgo para la salud”, señaló antes de recordar que el país es enfrenta a una dura sequía por segundo año consecutivo.

El cambio climático está teniendo un impacto directo en los glaciares de los Andes bolivianos, que son vitales para la provisión de agua dulce a los humedales, manantiales y represas de la región.

En la región occidental de Bolivia, algunas zonas que alguna vez fueron fértiles se han convertido en tierras áridas y polvorientas. Muchos habitantes de El Alto, una ciudad de aproximadamente un millón de personas, provienen de comunidades agrícolas que dependen de la cría de ganado y el cultivo de hortalizas para subsistir.

Las autoridades aún confían en que las reservas de agua durarán hasta diciembre, cuando comienza la temporada de lluvias. Sin embargo, cientos de miles de familias y vastas extensiones de tierras agrícolas y ganaderas ya se han visto afectadas por la escasez de agua.