Con más de 20 años de experiencia, Dos Santos hizo lo que siempre había hecho a lo largo de su carrera: tranquilizó a la paciente, una anciana, y, con calma, tomó las muestras. A pesar de haber tenido mucho cuidado, días después cayó enferma. Estuvo unos días aislada en casa, pero empeoró y tuvo que ser hospitalizada a finales de abril.
“El domingo 3 de mayo por la mañana, empeoró y pidió que la intubaran. Pero sufrió un paro cardiorrespiratorio y no pudieron reanimarla”, cuenta su hija Nathalia Roberta, de 25 años. “Fueron 21 años dedicados con mucho amor a la enfermería. Le apasionaba su profesión, era una líder que, además de trabajar en la primera línea, daba cursos y ayudaba a capacitar a profesionales sanitarios, enfermeros, técnicos y auxiliares”, cuenta.
Estas mujeres —casi el 85% de los trabajadores de enfermería son mujeres— y hombres que están en la primera línea de combate al coronavirus todos los días en los hospitales brasileños están muriendo a un ritmo alarmante. Según el Consejo Federal de Enfermería (Cofen), hasta ayer se han registrado en Brasil 73 muertes de profesionales de enfermería por el Covid-19, son más que la suma de los profesionales fallecidos en España e Italia.
Las brasileñas son víctimas jóvenes: la mayoría (41) eran menores de 60 años —uno tenía solo 29—. La ciudad de São Paulo, el mayor epicentro de la crisis sanitaria del país, lidera la lista con 18 muertes, seguida de Río de Janeiro, con 14 casos.
El Cofen ha creado una plataforma para monitorear las muertes de enfermeros en todo Brasil con la ayuda de los consejos regionales. Además de estas víctimas, hay otras 16 muertes que todavía no están confirmadas, a la espera de los resultados de las pruebas.



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