Se trata de un ejemplar macho de aproximadamente 5 años, que no está registrado entre los monitoreados por las instituciones de preservación.
El caso es uno más de los avistamientos de felinos, que son cada vez más frecuentes, en la región de la Triple Frontera, en viviendas cercanas a las reservas naturales de Foz de Iguazú, Brasil, y Puerto Iguazú, Argentina.
El animal está bien y permanecerá en el Refugio Biológico Bela Vista de la Itaipú Binacional hasta su liberación final, lo cual depende de la decisión de Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad.
En la operación de captura, la zona fue aislada para garantizar la seguridad de la población y del propio jaguar.
El animal fue sedado por un equipo veterinario especializado, alojado en una caja de transporte y enviado al Hospital Veterinario del Refugio Biológico Bela Vista, donde se sometió a una evaluación clínica completa.
El animal es un macho adulto de entre 4 y 5 años y pesa 75 kilogramos, que recibió el nombre de Tape’ỹ, una palabra de origen tupí que significa “el que ha perdido el rumbo”, informó la Itaipú margen izquierda.
Según la veterinaria de la División de Áreas Protegidas de Itaipú, Aline Luiza Konell, tan pronto como recibieron el jaguar, el equipo RBV realizó los exámenes iniciales, radiografía, recogidos de sangre y otros materiales biológicos, y trató una herida en la espalda del animal. En la radiografía no se encontraron marcas de disparos ni otras pruebas que pudieran comprometer su salud.
Una vez recuperado le instalarán un collar de identificación, para su monitoreo.
Para capturar al jaguar, se organizó una operación con la participación de varias instituciones, entre ellas Itaipu Binacional, Projeto Onças do Iguaçu, Proyecto Yaguareté (Argentina), así como la policía ambiental y militar.
“En lugar de reaccionar contra el animal, los residentes llamaron inmediatamente a los equipos responsables y permitieron que la captura se realizara de forma segura, dando al jaguar una nueva oportunidad de vida”, señaló Yara.
El sábado se registró su primera aparición por cámaras de circuito cerrado de una de las viviendas. Las huellas condujeron hacia un fragmento de la reserva forestal del embalse de la Itaipú.
“La Itaipú vigila a los animales en la franja de protección mediante cámaras. Durante más de 20 años, no existe ningún registro de jaguares en nuestras áreas protegidas y alrededores. Esto demuestra que las zonas forestales están sanas y permiten la circulación de la fauna”, evaluó Aline Konell.
En la mañana de este domingo, nuevamente apareció por el barrio y uno de los vecinos volvió a contactar con representantes de la organización, tras grabarlo desde el balcón. Eso ayudó a su ubicación y posterior captura.



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