Días pasados, en un operativo de rutina de militares que prestan servicio en virtud de un convenio entre la Itaipu Binacional y el Ministerio de Defensa, descubrieron un cargamento de marihuana que totalizó 6.407 kilos, en una reserva natural de la Itaipu, en la zona de Puerto Indio del distrito de Mbaracayú. La droga, distribuida en 246 paquetes, estaba dentro de la franja de seguridad del área de embalse de la binacional y tenía como destino al mercado brasilero. De hecho, del lado brasilero, en lo que va del año, ya decomisaron cerca de 34 toneladas de drogas, ingresadas a Brasil desde territorio paraguayo, por distintas vías y maneras.

COMPLICIDAD E INACCIÓN

Mientras esto sucede en territorio brasilero, a nivel local la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD) y la Policía Antinarcóticos se muestran satisfechas con la esporádica persecución y aprehensión de microtraficantes y el decomiso de pequeñas cantidades de crack, marihuana o cocaína.

No se conoce de ningún trabajo de inteligencia o investigativo de parte de los agentes especiales de ambos organismos antidrogas, quienes dejan que del lado brasilero se haga todo el trabajo de aprehensión de estupefacientes y captura de los traficantes. O entonces, que los militares que patrullan el lago Itaipu y río Paraná hagan el trabajo que les correspondería en teoría a ellos.

Días pasados, hubo cambios en la Dirección de Policía del Alto Paraná, siendo destituido el director, a raíz de su inoperancia en combate a la criminalidad. Sin embargo, los cuestionados jefes regionales de Antinarcóticos (Crio. Lorenzo Vargas) y SENAD (Saturnino Morel) permanecen atornillados a sus cargos, sin siquiera recibir alguna amonestación de parte de sus superiores.

NADA IMPORTANTE

Ambos son relativamente nuevos en sus cargos, pero en meses de gestión, no hicieron un solo procedimiento que pudiera ser calificado de importante. Los mismos siempre se excusan indicando que están haciendo un “trabajo silencioso”, sin embargo, nunca se ven los resultados de esos supuestos “trabajos”. Fuentes fidedignas aseguran que los agentes locales perciben generosas “bonificaciones” de los capos de la droga para no intervenir ni actuar, limitándose meramente a perseguir microtraficantes o realizar algún operativo de quema de cultivos de droga, en donde “por tradición” ni siquiera hay detenidos. Todo esto solamente para disimular y tratar de justificar de alguna manera que “se está haciendo algo”, sin embargo, los números en territorio brasilero evidencian que el negocio del narcotráfico marcha viento en popa e incluso se está expandiendo cada vez más en esta región.