Cerro Porteño volvió a perder. Y esta vez no hay demasiadas explicaciones que buscar ni excusas a las que aferrarse. El 2-0 ante 2 de Mayo, en La Nueva Olla, fue otro golpe para un equipo que hace tiempo perdió el rumbo y que ahora encadena dos derrotas consecutivas, después de la caída frente a Trinidense.

El Ciclón se aleja cada vez más de la pelea por el título del Clausura y, a esta altura, la pregunta ya no pasa solamente por qué entrenador debe encontrar la fórmula para levantar al equipo. La cuestión es mucho más profunda: ¿qué está pasando realmente en Cerro Porteño?

La llegada de Gustavo Costas, a finales de agosto, había generado cierta expectativa. El entrenador asumió en reemplazo de Ariel Holan y consiguió mantenerse invicto durante sus primeros cinco partidos. Parecía que el cambio podía marcar un punto de inflexión. Pero la ilusión duró poco. Llegaron las derrotas, aparecieron nuevamente los cuestionamientos y el equipo volvió a mostrar los mismos síntomas.

Y allí está justamente el problema. Cerro ya cambió demasiadas veces de entrenador como para seguir pensando que todo se soluciona cambiando al hombre que se sienta en el banco. En este 2026 ya pasaron Jorge Bava, Ariel Holan y ahora Gustavo Costas. Tres entrenadores, tres ideas, tres momentos distintos y un denominador común: el equipo nunca terminó de funcionar.

Entonces, si los técnicos cambian y el problema permanece, habrá que mirar hacia otro lado.

Un plantel que no responde

Después de un primer semestre flojo, en el que Cerro no pudo conquistar el Apertura, la dirigencia apostó fuerte en el mercado para intentar cambiar la historia. Llegaron Manuel Roffo, Ángel Martínez, Lucas Merolla, Agustín Almendra, Iván Ramírez, Alexis Cañete y Ariel Gamarra. Además, volvió Derlis Rodríguez.

Ocho caras nuevas para intentar darle otra fisonomía a un equipo que necesitaba reaccionar.

Sin embargo, con el campeonato avanzando, el balance es preocupante. Todos tuvieron oportunidades y minutos. Y, salvo algunas excepciones, la mayoría no consiguió convertirse en una solución.

Iván Ramírez y Alexis Cañete aparecen como los casos que mejor respondieron dentro de un mercado que, en líneas generales, no consiguió producir el impacto esperado. Cañete incluso recibió el llamado de la Selección Paraguaya.

El resto quedó en deuda.Y entre los nombres más cuestionados aparece Agustín Almendra. El argentino llegó con antecedentes suficientes para generar expectativas, pero sus actuaciones estuvieron lejos de responder a lo que se esperaba de él. Su rendimiento fue objeto de críticas reiteradas.

Pero Almendra no es el único problema. Sería demasiado sencillo reducir todo a un jugador.

El problema es que Cerro tiene demasiados futbolistas que no están dando la respuesta que el club necesita. Y cuando eso sucede durante tanto tiempo, la responsabilidad empieza a repartirse.

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Jugadores azulgranas tras la última caída ante el 2 de Mayo.

Foto: Andrés Catalán - Última Hora.

¿Jugadores, técnicos o dirigentes?

El debate está instalado. Los técnicos tienen responsabilidad porque no encontraron la manera de hacer funcionar al equipo. La dirigencia tiene responsabilidad porque eligió a esos entrenadores y porque armó un plantel que hoy no está respondiendo. Y los jugadores tienen una responsabilidad enorme porque son ellos quienes, finalmente, deben trasladar al campo la idea, la intensidad y la rebeldía que exige jugar en Cerro Porteño.

Pero hay un dato que pesa especialmente: los entrenadores ya fueron cambiados varias veces y el problema sobrevivió a todos ellos. Eso obliga, al menos, a poner el foco sobre el plantel.

Hay jugadores con contratos importantes, futbolistas que llegaron con cartel, nombres que deberían marcar diferencias y que, por distintos motivos, terminaron teniendo una incidencia mucho menor de la esperada.

También está el otro gran problema: las lesiones. Cecilio Domínguez atraviesa una situación física que lo mantiene alejado de las canchas. Juan Manuel Iturbe volvió después de un prolongado período de recuperación y Blas Riveros pasó buena parte del año lidiando con problemas físicos. Son futbolistas importantes, de experiencia y jerarquía, pero que Cerro necesitaba tener disponibles y en plenitud.

Porque un plantel puede ser extenso en cantidad, pero si sus principales nombres no están disponibles o no consiguen sostener continuidad, la realidad termina golpeando de la misma manera.

Más de un millón de dólares y pocas respuestas

El contraste resulta todavía más fuerte cuando se pone sobre la mesa el presupuesto. Cerro maneja un plantel cuyo costo mensual supera el millón de dólares. Es una inversión gigantesca para el  fútbol paraguayo y, por lo tanto, las exigencias son proporcionales.

No se trata solamente de ganar todos los partidos. Se trata de competir, de transmitir una identidad, de mostrar carácter, de sostener una idea y, fundamentalmente, de representar la camiseta.

Eso es justamente lo que hoy reclama el hincha. Porque una derrota puede ser entendida. Incluso una eliminación puede ser explicada. Lo difícil de aceptar para el aficionado es observar a su equipo sin respuestas, sin reacción y sin la sensación de que existe un camino para salir del problema.

Ante 2 de Mayo, la paciencia finalmente se agotó. En los minutos finales, La Nueva Olla comenzó a cantar el conocido “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. No fue solamente el enojo por un resultado. Fue la expresión de un hartazgo que viene acumulándose desde hace tiempo.

Y después del partido, el malestar continuó fuera del estadio. La hinchada organizada buscó hablar con los jugadores en un clima tenso.

Fue entonces cuando Luis Ortega, directivo azulgrana, salió a dar la cara. El vicepresidente defendió la situación económica de la institución y aseguró: “Nunca este equipo estuvo tan al día como está hoy”.

Pero al mismo tiempo fue durísimo con lo que había visto en la cancha. “Para mí es una falta de respeto para ustedes y para todos nosotros. Este partido que hicieron hoy no se merecen”, manifestó ante los hinchas.

Ortega también anunció una reunión con el cuerpo técnico y los jugadores: “Nosotros nos vamos a reunir con cuerpo técnico y jugadores”. Y dejó una frase todavía más fuerte: “Estos tipos no nos sirven”.

La declaración del dirigente refleja hasta qué punto llegó la situación. Ya no es solamente el hincha quien cuestiona. Desde la propia dirigencia se reconoce que la actuación estuvo muy lejos de lo esperado.

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Gustavo Costas dirigió hasta el momento 8 partidos en el Ciclón.

Foto: Andrés Catalán - Última Hora.

El 2027 empieza ahora

La dirigencia tendrá que tomar decisiones. No solamente pensando en los próximos partidos, sino mirando inevitablemente hacia el 2027.

El hincha ya pide una renovación profunda del plantel. Algunos incluso reclaman la salida de varios futbolistas.

Pero una renovación no puede hacerse solamente desde la bronca de una noche. Tiene que existir un diagnóstico serio. Hay que determinar quiénes pueden seguir, quiénes no, qué posiciones necesitan refuerzos y qué tipo de futbolistas necesita Cerro para volver a competir.

Porque el problema de este Cerro Porteño no nació contra 2 de Mayo. La derrota ante el Gallo Norteño simplemente volvió a desnudarlo.

El Ciclón viene a la deriva desde hace tiempo. Cambió entrenadores, incorporó jugadores, modificó nombres y buscó respuestas que nunca llegaron. Y ahora, con el campeonato cada vez más lejos, ya no quedan demasiados lugares donde esconder el problema.

 

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