Bajo la administración del presidente Santiago Peña y la gestión del ministro Rodrigo Nicora, Paraguay inicó lo que técnicamente se denomina el “segundo tiempo” de la gestión penitenciaria. Este ambicioso plan busca transformar el sistema, pasando de una respuesta reactiva a un modelo basado en la especialización, la infraestructura moderna y la protección efectiva de los derechos humanos.
Históricamente, muchas mujeres eran recluidas en pabellones dentro de cárceles diseñadas para hombres, lo que generaba una discriminación estructural donde los espacios y servicios de salud estaban centrados casi exclusivamente en la población masculina. La eliminación de estos recintos mixtos, que ya comenzó con hitos como el cierre de la histórica cárcel del “Buen Pastor” en Asunción, busca erradicar estas vulnerabilidades.
Con el nuevo ordenamiento, el país centralizará la atención femenina en dos recintos de gran envergadura diseñados exclusivamente para ellas: el Centro “Serafina Dávalos” en Coronel Oviedo y el nuevo Complejo de Mujeres Privadas de Libertad (COMPLE) en Emboscada.
El cierre del penal de Ciudad del Este también apunta a potenciar los programas de reinserción social. Paraguay ya cuenta con experiencias exitosas, como el Programa Fujikura en CDE, donde las mujeres se capacitan en la fabricación de cableados industriales, y la marca penitenciaria “Muã”, que comercializa productos artesanales de alta calidad.



COMENTARIOS