El sismo destruyó infraestructuras clave en todo el país, dejando a muchas personas sin hogar y obligadas a dormir a la intemperie por temor a nuevas réplicas.

El jefe de los servicios humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, describió la situación como una «devastación abrumadora», destacando la pérdida de vidas y la destrucción de medios de subsistencia. Fletcher también elogió la resiliencia de la población y subrayó la necesidad urgente de aumentar la ayuda internacional para atender las necesidades de los afectados.

Organizaciones humanitarias desplegaron equipos y suministros médicos, así como agua potable y refugios en las áreas más afectadas. Sin embargo, la brecha entre las necesidades y la respuesta sigue siendo significativa debido a la escasez de financiación y las dificultades logísticas.

La situación se ve agravada por la inestabilidad política en Myanmar, gobernado por una junta militar desde el golpe de Estado de 2021, lo que complica aún más los esfuerzos de ayuda y recuperación.