1. Una de las más pequeñas entre las venenosas: Las serpientes coral pertenecen a un grupo de más de 100 especies de pequeñas serpientes venenosas. Miden entre 40 centímetros y 1,6 metros de largo y pueden vivir hasta 18 años. Son ovíparas y suelen poner de dos a doce huevos por vez.
  2. Colorida y fácil de reconocer: Su cuerpo está cubierto por anillos rojos, negros y blancos (o amarillos en algunas especies amazónicas). Esa coloración llamativa actúa como una señal de advertencia para los depredadores, fenómeno conocido como aposematismo.
  3. Un veneno que ataca el sistema nervioso: El veneno de la coral es neurotóxico y puede causar entumecimiento, visión borrosa y dificultad para hablar. Si no se trata a tiempo, puede provocar parálisis de los músculos vitales, como el corazón y el diafragma. Ante una mordedura, se debe acudir inmediatamente a un centro médico para recibir suero antielápido.
  4. Difícil de ver, pero muy buena escondiéndose: A pesar de su color, la serpiente coral es un animal que prefiere mantenerse oculto entre la vegetación, bajo piedras o en madrigueras. Rara vez ataca, salvo cuando se siente amenazada.
  5. Tiene imitadoras inofensivas: Existen especies conocidas como “falsas corales”, que imitan su aspecto para protegerse, pero no son venenosas. Sin embargo, es casi imposible distinguirlas a simple vista, por lo que los expertos recomiendan no acercarse y avisar a las autoridades si se encuentra una.

 Recomendación: ante la presencia de una serpiente de este tipo, no intentar capturarla ni matarla; lo más seguro es contactar con bomberos o personal especializado.