- Una de las más pequeñas entre las venenosas: Las serpientes coral pertenecen a un grupo de más de 100 especies de pequeñas serpientes venenosas. Miden entre 40 centímetros y 1,6 metros de largo y pueden vivir hasta 18 años. Son ovíparas y suelen poner de dos a doce huevos por vez.
- Colorida y fácil de reconocer: Su cuerpo está cubierto por anillos rojos, negros y blancos (o amarillos en algunas especies amazónicas). Esa coloración llamativa actúa como una señal de advertencia para los depredadores, fenómeno conocido como aposematismo.
- Un veneno que ataca el sistema nervioso: El veneno de la coral es neurotóxico y puede causar entumecimiento, visión borrosa y dificultad para hablar. Si no se trata a tiempo, puede provocar parálisis de los músculos vitales, como el corazón y el diafragma. Ante una mordedura, se debe acudir inmediatamente a un centro médico para recibir suero antielápido.
- Difícil de ver, pero muy buena escondiéndose: A pesar de su color, la serpiente coral es un animal que prefiere mantenerse oculto entre la vegetación, bajo piedras o en madrigueras. Rara vez ataca, salvo cuando se siente amenazada.
- Tiene imitadoras inofensivas: Existen especies conocidas como “falsas corales”, que imitan su aspecto para protegerse, pero no son venenosas. Sin embargo, es casi imposible distinguirlas a simple vista, por lo que los expertos recomiendan no acercarse y avisar a las autoridades si se encuentra una.
Recomendación: ante la presencia de una serpiente de este tipo, no intentar capturarla ni matarla; lo más seguro es contactar con bomberos o personal especializado.



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