La comunidad jurídica independiente ha sido excluida de espacios clave de participación, como los llamados “días de gobierno” judicial. Lo que alguna vez fue una instancia de escucha plural y diálogo abierto, se ha convertido en un club cerrado, reservado a sectores afines al poder de turno, donde la crítica ha sido reemplazada por la obsecuencia.

Esta deriva no es casual. Tiene nombre y apellido: el juez Favio Cabañas Gossen. Su influencia sobre ministros de la Corte es una verdad a voces en los pasillos judiciales. La suspensión del juez Manuel Agüero, por ejemplo, no puede entenderse fuera del marco de presión ejercido por Cabañas, particularmente sobre el ministro Eugenio Jiménez Rolón, quien en sus inicios en la Corte mantenía una postura ética firme y cercana a la abogacía litigante, pero cuya actitud hoy es marcadamente distinta.

A esta dinámica de silenciamiento se suma un hecho no menor: la creación del Colegio Departamental de Abogados, promovido por el propio juez Cabañas, en un intento por desplazar a los gremios que lo venían denunciando públicamente. El objetivo fue claro: neutralizar la crítica, cooptar la representación profesional y fabricar un consenso artificial. El resultado ha sido una fragmentación gremial y una preocupante instrumentalización del Poder Judicial para fines personales.

Todo esto se inscribe en una lógica que recuerda al viejo “chonguismo judicial”: un modelo de relaciones basadas en favores, cercanías personales y estructuras paralelas creadas para blindar el poder y castigar la disidencia. No hablamos solo de percepciones, sino de hechos visibles y verificables: exclusión sistemática de voces independientes, manipulación institucional, y un esquema de poder que socava la transparencia.

La Corte Suprema debe tomar nota. Concepción no puede seguir siendo un laboratorio de impunidad ni rehén de operadores que anteponen sus ambiciones al interés de la ciudadanía. No pedimos favores. Pedimos justicia, independencia y respeto a las reglas del juego.

Porque la justicia no se negocia. Se ejerce con dignidad, o no es justicia.