Shafik, que abandonó la academia tras un voto de censura por parte del profesorado, fue sustituido por Katrina Armstrong, pero la crisis interna persiste. Las protestas, motivadas por la negativa de la universidad a cortar lazos con Israel, han provocado enfrentamientos en el campus, como el reciente vandalismo de la estatua del “ Alma Mater” con pintura roja. La inseguridad entre el personal y los estudiantes está empeorando, lo que pone de relieve el impacto de las protestas en la vida diaria de la universidad.

Los empleados, como los guardias de seguridad y los trabajadores de mantenimiento, suelen ser objeto de críticas por parte de los manifestantes. Las protestas pasadas ya han desembocado en episodios violentos, como la ocupación de un edificio académico por 50 estudiantes, donde los empleados tuvieron que “luchar para salir”, según Alex Molina, presidente del sindicato de trabajadores universitarios.

La Universidad de Columbia, situada en el corazón de Nueva York, ha sido escenario de manifestaciones que llaman la atención por su facilidad de acceso y repercusión mediática. La presencia de seguridad privada y las restricciones de acceso al campus intensificaron las reacciones de los alborotadores.

El uso de la fuerza policial para poner fin a las protestas, como ocurrió con el campamento de estudiantes desmantelado por la policía, alimenta el debate sobre la libertad de expresión en el entorno universitario y la difícil posición que enfrentan las administraciones cuando tratan con estudiantes que no cumplen con las políticas institucionales.

Los próximos meses prometen más enfrentamientos, con la seguridad de los trabajadores y la libertad de los estudiantes como puntos centrales de la disputa. Para el personal y los estudiantes, la sensación es que el año escolar estará marcado por un clima de constante inestabilidad e inseguridad.