En una conferencia de prensa, convocó movilizaciones nacionales para el 13 de diciembre, en medio de un conteo detenido que mantiene en tensión al país centroamericano, con Nasry Asfura liderando por escaso margen sobre Salvador Nasralla.

Moncada, acompañada por la cúpula de Libre y tras una reunión con el ex presidente Manuel Zelaya, afirmó que el proceso ocurrió bajo «injerencia y coacción» de Trump y la oligarquía hondureña. Señaló fallas en el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), con inconsistencias en más del 95% de las actas y dos días sin actualizaciones en el portal del Consejo Nacional Electoral (CNE). El ente atribuyó las demoras a problemas técnicos con la empresa encargada, prometiendo restablecer la transmisión pronto.

El partido oficialista desautorizó cualquier participación en una transición gubernamental y exigió la nulidad total de los comicios, investigando presuntos «actos de terrorismo electoral». Moncada vinculó las irregularidades al reciente indulto de Trump al ex presidente Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico en EE.UU., condenándolo y demandando su captura internacional. Criticó también una «narrativa imperial del comunismo» usada en la campaña.

Con el 88,02% de actas escrutadas y el conteo paralizado desde el viernes, Asfura (Partido Nacional) obtiene 1.132.321 votos (40,19%), seguido de cerca por Nasralla (Partido Liberal) con 1.112.570 (39,49%), mientras Moncada queda en tercero con 543.675 (19,30%). Observadores internacionales han criticado la lentitud y falta de transparencia del CNE, aunque la jornada electoral fue pacífica.

Esta crisis profundiza la polarización en Honduras, evocando desconfianzas históricas desde 2017. Las protestas anunciadas podrían escalar tensiones, en un contexto de debilidad institucional y presiones externas. El CNE tiene hasta el 30 de diciembre para proclamar resultados oficiales, mientras el país aguarda con incertidumbre el desenlace de una elección marcada por acusaciones cruzadas.