Inclusive, podríamos decir que el sueño no es un pilar, sino la base sobre la cual se apoyan los dos primeros pilares mencionados… Ya que si quitamos esa base, los efectos del ejercicio físico y la buena alimentación se volverán mucho menos efectivos.

Inclusive, podríamos decir que el sueño no es un pilar, sino la base sobre la cual se apoyan los dos primeros pilares mencionados… Ya que si quitamos esa base, los efectos del ejercicio físico y la buena alimentación se volverán mucho menos efectivos.

Hay varios estudios epidemiológicos a gran escala que analizaron a millones de personas, y todos llegan a la misma conclusión:

Cuanto más corto sea tu sueño, más corta es tu vida.

Punto.

Enfermedades que están colapsando los sistemas de salud como obesidad, dolencias cardiacas, demencia, diabetes y el cancer tienen vínculos causales con la falta de sueño.

En la columna de hoy nos enfocaremos en los efectos sobre el sistema cardiovascular.

Un estudio realizado en el 2011 realizado sobre más de medio millón de personas de distintas edades, razas y etnias en ocho países diferentes concluyó que el sueño progresivamente más corto se asoció con un aumento del 45 % en el riesgo de desarrollar o morir de enfermedad coronaria en un periodo de entre 7 y 25 años desde el inicio del estudio.

Resultados similares se observaron en un estudio japonés con más de 4000 trabajadores varones. Los que durante un periodo de 14 años dormían seis horas o menos tenían entre un 400 % y 500 % más de probabilidades de sufrir uno o más paros cardíacos que aquellos que dormían más de seis horas.

Los adultos de más de 45 años que duermen menos de seis horas por noche tienen un 200 % más de probabilidades de sufrir un ataque cardiaco o un derrame cerebral durante su vida que aquellos que duermen de siete a ocho horas por noche.

No es necesaria toda una noche de pérdida de sueño para generar un impacto medible en el sistema cardiovascular.

Una noche con una reducción moderada de sueño, aunque sean unas pocas horas, acelerará rápidamente, hora tras hora, la tasa de contracción del corazón y aumentará significativamente la presión sanguínea sistólica dentro de los vasos sanguíneos. Estos experimentos se llevaron a cabo sobre individuos jóvenes y en muy buena forma física, con un sistema cardiovascular que horas antes del estudio estaba en condiciones perfectas. Ni con esa buena condición sus cuerpos pudieron ofrecer resistencia a una noche de poco sueño.

La falta de sueño erosiona la estructura de los vasos sanguíneos, especialmente aquellas que alimentan al corazón.

Para culminar la columna, les quiero compartir un experimento sorprendente, del que TODOS formamos parte, llamado “horario de verano”.

En el hemisferio norte, el cambio de horario de verano en marzo hace que la mayoría de las personas pierda una hora de sueño. Si realizás una tabla comparando los millones de registros hospitalarios diarios, como lo hicieron los investigadores, vas a descubrir que esta reducción del sueño, aparentemente insignificante, conlleva a un aumento tremendo del número de ataques cardíacos al día siguiente.

Y por el contrario, en otoño, cuando en el hemisferio norte los relojes avanzan y ganamos una hora de sueño, las tasas de ataques cardíacos caen en picada al día siguiente.

La mayoría de las personas piensa que perder una hora de sueño es insignificante…

Bueno… Los datos nos indican que define que vivas o mueras.

¿Y vos?

¿Estás durmiendo lo suficiente?

Nos vemos en la próxima columna.

AC.

FUENTES:

Walker, M. (2020). ¿Why we sleep?. Paidós.
O. Tochikuno, A. Ikeda, E. Miyajima y M. Ishii, “Effects of insufficient sleep on blood pressure monitored by a new multibiomedical recorder”, Hypertension 27, n. 6,1996, pp. 1318-1324.