Según los relatos, los estudiantes fueron obligados a quitarse la ropa, correr por terrenos embarrados y sufrir castigos físicos, como golpes con cinturones de cuero. Algunos padres, al enterarse, acudieron al predio privado en el km 17,5 de Minga Guazú y capturaron imágenes del evento. Las denuncias también alertan sobre la posible presencia de personas ajenas a la universidad, lo que agrava las preocupaciones por seguridad y extorsión.
Este tipo de rituales, que se repiten anualmente, han sido calificados como «humillantes y peligrosos» por las familias afectadas. La ausencia de supervisión institucional resalta la necesidad de regulaciones en las universidades para prevenir abusos, impactando la reputación de la UNE y la confianza de los padres en el sistema educativo.
Las familias planean presentar denuncias formales ante autoridades competentes para investigar el caso. Hasta el momento, la UNE no ha emitido un comunicado oficial, pero se espera que tome medidas para erradicar estas prácticas y garantizar un ambiente seguro para los estudiantes.



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