Proponer ajustes sobre la Caja Fiscal o aumentar el IVA para cubrir déficits es una salida fácil, pero profundamente injusta. El IVA es el impuesto más regresivo: golpea por igual al rico y al pobre, encarece los alimentos y castiga especialmente a jubilados y trabajadores que ya viven con ingresos limitados. Subir el IVA no es una solución técnica, es una renuncia a gobernar con inteligencia social.
El problema de fondo no está en los jubilados, sino en la mala administración, el despilfarro de recursos públicos, los privilegios innecesarios, la evasión y un Estado que durante años evitó hacer las reformas donde correspondía. Ajustar sobre los jubilados es desconocer el valor del esfuerzo acumulado y romper un pacto básico de confianza entre el ciudadano y el Estado.
Ahora bien, hablar de justicia también implica coherencia. Si se va a discutir una reforma jubilatoria, debe empezar por los regímenes privilegiados, no por quienes dependen exclusivamente de su jubilación para vivir. En ese sentido, es razonable y necesario revisar la jubilación VIP de los diputados, no como castigo, sino como un acto de ejemplaridad y responsabilidad ética. La política debe dar el ejemplo antes de pedir sacrificios al pueblo.
Mi posición es clara:
no al recorte a los jubilados,
no al aumento del IVA,
sí a una reforma justa, gradual y responsable, que combata privilegios, ordene el gasto y fortalezca el sistema sin traicionar a quienes dieron su vida laboral al servicio del país.
Un Estado que ajusta sobre sus jubilados pierde autoridad moral.
Un Estado que empieza ajustándose a sí mismo, construye futuro.
Radio Imperio 106.7 FM



COMENTARIOS