El redescubrimiento, liderado por científicos como José Alberto Almazán-Catalán y Fernando Ruiz-Gutiérrez, comenzó con indicios de pobladores que aseguraban haber visto al conejo, a pesar de que la ciencia lo había perdido de vista durante más de 120 años. A pesar de las amenazas que enfrenta, como la deforestación, los incendios forestales y la caza, este hallazgo resalta la importancia de conservar los bosques nublados de Guerrero y de integrar el conocimiento local en los esfuerzos científicos para proteger especies en peligro.