Había iniciado su vida pública con su compromiso y posterior casamiento con quien era en ese entonces el heredero del trono de Inglaterra. A sus 20 años, su vida se convirtió en un reality show, acosada por la prensa y los curiosos, pero a la par llevando la vida de ensueños que muchas anhelaban: casarse con un príncipe.

A los 30 años llegó la desilusión, el castillo de ensueños resultó ser una ilusión, pero la vida siguió para ella.

Durante su corta vida mediática aprovechó la fama para ayudar a los necesitados. En 1987, la princesa de Gales cambió la historia al estrechar la mano de pacientes con SIDA en un hospital de Londres. Eran tiempos en los que la enfermedad era poco conocida, causaba estragos y temor. Con este gesto el mundo cambió su percepción del mundo sobre el sida y el VIH.

África, que más que un continente es un universo, también contó con la mirada piadosa de Diana. Recorrió los países devastados por la epidemia de VIH, el hambre y los mutilados que dejaban las minas personales de los conflictos armados.

Alejada de su marido el príncipe Carlos, pero acosada por la prensa, Diana intentó retomar su vida sentimental.

Su último relacionamiento estuvo con el multimillonario y productor de cine Dodi Al-Fayed, con quien se encontraba cuando ocurrió el trágico accidente en el Túnel del Alma en París.

Su muerte se convirtió en una conmoción nacional en Inglaterra. El palacio de Kensington fue rodeado de flores, velas y mensajes de despedida.

El funeral convocó a cientos de miles de personas. Otras millones más lo siguieron a través de la televisión.

Artistas, personalidades, diplomáticos participaron del último adiós a la princesa del Pueblo.

Elton John fue el encargado de dar el tono final a una vida intensa. Se encargó de despedir a la rosa de Inglaterra y augurar que iba a ser siempre una vela en el viento.