El Jueves Santo tiene importantes legados para los creyentes, el primero está relacionado con el sacramento de la Eucaristía, puesto que en este día Jesús se entrega, en cuerpo y sangre, representados en pan y vino. Este sacrificio de Cristo se repite en cada una de las misas, cuando se repiten las palabras pronunciadas por él, según el Evangelio de Mateo: “Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: Beban todos de ella: esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que se derrama por todos para el perdón de sus pecados".

Otro de los momentos importantes en esta celebración es el lavatorio de los pies que, de acuerdo con la Iglesia es la representación del servicio, ejemplo que deben seguir los fieles, especialmente los sacerdotes. “Las relaciones en la comunidad cristiana deben estar marcadas por el servicio y la mutua entrega. En este ambiente Jesús promulga el mandamiento del amor e instituye el sacerdocio cristiano”, señala la hoja de la celebración litúrgica que se reparte en los templos.

Al finalizar la celebración se realiza la reserva del Santísimo Sacramento (Jesús representado en la Eucaristía) se exhibe para ser adorado por los feligreses.

La costumbre de visitar templos se realiza con la intención de ‘acompañar a Jesús’ en lo que le toca vivir desde que sale a orar en el Huerto de los Olivos, es apresado y llevado de un lugar hasta ser condenado. Según el relato bíblico todo esto ocurre después de la cena y durante la madrugada. La costumbre popular se refiere a la visita de siete templos, que marcan el recorrido de Jesús: Del Cenáculo al Huerto de los Olivos, de éste, a la casa de Anás; de allí, a la casa de Caifás; de esta, al Pretorio de Pilato; luego ante el rey Herodes, posteriormente de vuelta donde Pilato y, finalmente al calvario.