Hoy, el lago es un caleidoscopio de diferentes economías criminales, desde el tráfico de narcóticos hasta el de ranas.
Los gobiernos de ambos países han tenido poco éxito en contener los crecientes volúmenes de carga ilegal después de la pandemia de COVID-19. Las autoridades de los dos lados de la frontera se enfrentan a duras condiciones por la dificultad de eliminar la condición histórica del lago como paso de contrabando.
Lo más sorprendente no es tanto la cantidad de mercancía ilegal que pasa de un lado para otro, sino la variedad. Desde combustible, mercurio, vida silvestre capturada ilegalmente, productos agrícolas de contrabando y hasta personas, todas son llevadas ilegalmente por el lago y sus mal vigiladas orillas.
InSight Crime da una mirada a las economías ilícitas claves en el lago Titicaca y las rutas que trazan entre los dos países.
Narcotráfico a orillas del lago
En la población fronteriza de Desaguadero confluyen los cargamentos de cocaína y pasta base de coca para pasar de Perú a Bolivia. En el extremo sur del lago, la población queda dividida hacia la mitad de la frontera por el río Desaguadero.
Una investigación realizada en septiembre de 2022 por el diario boliviano El Deber reveló el papel que juegan decenas de muelles ilegales que rodean el lago en la recepción de drogas y más. Muchos de estos, como el gran muelle de La Carroñera, son utilizados día y noche por los contrabandistas. Muchos de estos están cerca de Desaguadero y están construidos en áreas cubiertas por la planta conocida como la totora, un junco acuático que puede alcanzar alturas de 20 pies y proporcionar una cobertura ideal.
En agosto, por ejemplo, se informó que las autoridades bolivianas decomisaron 27 kilos de cocaína en Desaguadero. Un decomiso similar se dio en julio, y otro en febrero. Aunque la cantidad confiscada sigue siendo baja, la innegable escalada de la frecuencia de alijos de droga en Desaguadero tiene preocupadas a las autoridades.
Muelles ilegales como el de La Carroñera reciben una variedad de contrabando diariamente, pero los cargamentos de cocaína han aumentado desde la pandemia de COVID-19, según comenta Iván Paredes Tamayo, experto en economías ilegales en el lago Titicaca y la región fronteriza aledaña. Paredes explicó a InSight Crime cómo los contrabandistas amarran la droga a pequeños botes de madera en contenedores herméticos, que permiten el paso sumergido de los paquetes para evitar la detección de los pocos agentes que patrullan el lago.
La coca, producto base para la cocaína, también está en continuo movimiento desde Perú. Muchas veces parte de Sandia, en el departamento de Puno, sobre la ribera oeste del lago. El cultivo ilícito se abre camino por vía fluvial hasta Copacabana y Puerto Acosta en la parte boliviana. De allí, transportadores jóvenes reciben la coca para llevarla a ciudades más grandes, como La Paz, según Público.
El hecho de que la coca peruana se venda por un precio mucho más alto al otro lado de la frontera lleva a que ya sea tradición el flujo oeste-este de las hojas base y del producto elaborado, y Paredes confirmó que la pandemia generó un repunte del uso de estas rutas, pues ambos países tuvieron problemas para disponer efectivos para los controles fronterizos.
Aunque ambos gobiernos han intentado ofensivas de seguridad en el lago Titicaca para detener el flujo de narcóticos, las economías ilícitas del lago tienen un poder de permanencia que les permite resurgir cuando las fuerzas de seguridad salen de la zona
Contrabando de comestibles
Aunque la cocaína, y su base, la coca, muchas veces sale de La Carroñera, fuentes del ejército mencionaron productos agrícolas, como papas y cebollas de contrabando como los principales bienes que salen del muelle, como informó El Deber en septiembre.
Las papas se han convertido en un pilar del contrabando en la zona, según Paredes. “Entran cada día a todas horas. Pueden verse en los mercados de La Paz, Cochabamba, en todos lados”, afirmó.
Paredes atribuye una vez más las diferencias de precio como el factor que incide en el contrabando de papas. Las papas peruanas son mucho más baratas que el tubérculo boliviano, lo cual ha permitido un crecimiento constante del tráfico más allá de las papas. Esta no es una nueva amenaza, ya que Bolivia se queja con frecuencia del riesgo que el contrabando peruano de alimentos representa para su sector agrícola. En 2022, las fuerzas militares apostadas en Titicaca incautaron una amplia gama de alimentos de contrabando por agua o por carretera, incluyendo papas, fresas, aguacates y más. Un camión incautado en septiembre contenía más de 100 cajas de alimentos de contrabando de Perú, valoradas en más de US$10.000, según un comunicado de prensa del Ejército de Bolivia.
Y es que, según el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag), entre enero y marzo de 2022, se incautaron 387 toneladas de alimentos que iban a ingresar a Bolivia de forma ilegal.
Los productos agrícolas de contrabando se dirigen por lo general desde Perú hacia mercados del extremo este, aunque algunos terminan en mercados de contrabando bien establecidos, como Virupaya en Puerto Acosta. En la zona también se ha incautado carne de res y cordero, lo que muestra la variadísima gama de mercancías de contrabando que atraviesa el lago, como dijo a La Razón el viceministro de lucha contra el contrabando.
Histórico contrabando de combustible
En este caso el flujo se revierte. Los contrabandistas locales han usado por años estas rutas para el tráfico de diésel y gasolina de contrabando desde Bolivia a Perú, aprovechando los grandes subsidios sobre los precios de los combustibles en el primer país.
En octubre de 2022, la Marina boliviana decomisó 200 litros de gasolina, junto con una variedad de dos barcos veleros y 10 cabezas de ganado, según información de El Día Digital. Las operaciones ocurrieron en la orilla este del lago, en Bolivia, y señalan la continuación de operaciones de contrabando tradicionales en el lago. En 2014, La Razón documentó la existencia de rutas de contrabando de combustible que salían de La Paz y terminaban en las poblaciones fronterizas de Virupaya, Jankho Jankho y Patacaile.




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