“Yo creo que sí tienen sentimientos, que sí sienten, porque el sentimiento puede ser tristeza, angustia, dolor y eso sienten definitivamente”, expresó el veterinario. Además, hizo referencia a que cuando más pulcro y puros son los sentimientos de una persona, más se perciben esos aspectos en lo que nos rodean. “A mí me pasa con el tiempo que también me da un poquitito de cariño y no tanto hambre”, dijo en forma jocosa.
En cuanto a las filas que forman los animales en la matadería, donde se escuchan los ruidos desesperados de los animales, el especialista indicó que claramente los animales saben lo que va a pasar. “Cuando el otro animal es abatido, la orina tiene adrenalina, cortisol, etc., que son las hormonas vinculadas al estrés. El animal que viene atrás huele y este es un reflejo de su sistema nervioso autónomo de saber que ahí están muriendo otros, que está pasando algo feo, malo”, explicó.
Agregó igualmente que existen numerosas formas de terminar con la vida de los animales con el fin de aprovechar su carne, resaltando que lo que la comunidad internacional suele exigir es que estos no sufran pero en realidad lo que no quieren es que la carne se vea afectada ante el estrés.
“Ellos no vienen a ver si la vaca u otro animal está lagrimeando. Lo que quieren es que haya poca liberación de esas hormonas del estrés porque afectan el sabor y olor de la carne”, se animó a afirmar.



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