Una votación local estalló en violencia y fraude: fuerzas del Gobierno intervinieron y varios opositores fueron arrestados, lo que provocó una reacción pública que pronto se organizó.

El 12 de junio de 1887 la elección de un senador y un diputado en Villarrica terminó en un enfrentamiento entre partidarios del oficialismo —que apoyaban a Bernardino Caballero y Claudio Gorostiaga— y los opositores alineados con Esteban Gorostiaga y Antonio Taboada. Hubo muertos, heridos y muchos líderes opositores fueron llevados presos a Asunción.

Aunque el oficialismo declaró victoria, la represión provocó protestas en la capital; hasta mujeres se sumaron a las muestras de solidaridad. La liberación de los detenidos, el 23 de junio, mostró que había una voluntad colectiva dispuesta a organizarse.

En ese ambiente, el 2 de julio se reunieron unas cuarenta personas para buscar caminos comunes. El 10 de julio, en una asamblea más numerosa, se decidió por unanimidad fundar el Centro Democrático. La lista fundacional mostró la unión de distintos sectores: Antonio Taboada fue elegido presidente; Pedro Victoriano Gill, vicepresidente; José de la Cruz Ayala, secretario, y figuras como Cirilo Solalinde, Mateo Collar y Cecilio Báez firmaron el acta. No fue algo improvisado: el Centro Democrático recogió la experiencia de clubes previos —Club Libertad (1882) y Club del Pueblo (1886)— y canalizó el descontento por la represión y el control político.

Aunque sus raíces vienen de la posguerra y de la fragmentación del antiguo Partido Nacional, fue la violencia electoral la que empujó a convertir la protesta en organización política. La fundación del Centro Democrático obligó al oficialismo a reagruparse; pocos meses después nació la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), estableciendo el bipartidismo: liberales (azul) y colorados (rojo).

La creación del Centro Democrático marcó un antes y un después: transformó el rechazo al monopolio político en un proyecto organizado. De Villarrica a Asunción quedó claro que la sociedad posbélica exigía representación y límites al poder. Así nació lo que sería la base del Partido Liberal (llamado así desde 1894), protagonista en las décadas siguientes.