El cardenal Martínez señaló que “el pan falta en muchas mesas, especialmente en las comunidades más vulnerables”. Destacó que familias enteras y niños reciben una alimentación inadecuada, sobre todo en la primera infancia. “Realmente el índice de desnutrición es bastante alto: el 12 % a nivel nacional, y en las comunidades indígenas aumenta al 22 %”, afirmó.
Más allá del hambre material, el arzobispo amplió el concepto a realidades aún más agudas: “hambre de paz, hambre de justicia, de igualdad, de equidad ciudadana, de dignidad”. Denunció las “brechas muy marcadas” entre quienes padecen estrecheces y quienes viven en acumulación y derroche, subrayando que en los rostros de los hambrientos y sedientos se reconoce “el rostro mismo de Cristo”.
Con su mensaje, el cardenal Martínez invitó a sacerdotes, fieles y autoridades a traducir la fe en acciones concretas de equidad y solidaridad, recordando que el Evangelio exige compartir no solo el pan, sino también la justicia y la dignidad para todos.



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