Este primer vuelo no solo tuvo la distinción de ser el primero en su clase y el primero que fue visto por cientos de paraguayos que nunca antes habían experimentado un espectáculo aéreo similar, sino que lo increíble era que la estrella que lo realizaba era nada menos que un paraguayo, un paraguayo que acababa de finalizar un tour por diferentes capitales del mundo, en las que había sido ovacionado y reconocido por su gran destreza en la aviación.
Tanto el recibimiento del que fue parte Silvio Pettirossi como la gran convocatoria que se vio en cada una de sus múltiples presentaciones en las ciudades aledañas a la capital, se pudo percibir la gran admiración y respeto que todos los ciudadanos paraguayos sentían hacia el piloto que desde el extranjero siempre enarboló su identidad paraguaya como un símbolo de orgullo.
“Pettirossi se embarcó hacia Asunción el 10 de noviembre de 1914 en un vapor conjuntamente con su fiel mecánico Becquet y el Deperdussin. El día 13 llega a Asunción, donde fue recibido como héroe nacional por una impresionante multitud. El anciano padre de Silvio, don Antimo, muy emocionado, decía: ... “Mi hijo no es un pájaro, pero vuela mejor que ellos” , indicó el profesor licenciado Antonio Luis Sapienza Fracchia, académico de la Academia Paraguaya de Historia, en conversación con La Nación/Nación Media.
El mismo destacó que la permanencia de Silvio Pettirossi en su natal Asunción fue bastante breve, ya que rápidamente se embargó de vuelta rumbo hacia Montevideo, donde al llegar, contrajo nupcias con Sara Usher Conde, una joven dama muy culta y de elevada posición social a quien había conocido en una visita anterior al Uruguay.
Foto tomada en San Francisco, California, en 1915, en la Exposición Internacional en dicha ciudad por la apertura del Canal de Panamá. Está posando con su aeronave el Deperdussin T y su esposa Sara Usher Conde. Foto: Gentileza Antonio Luis Sapienza
De Paraguay a Francia
Cabe destacar que el prodigio de la aviación paraguaya nacía en Asunción un 16 de junio de 1887, como resultado de la unión del ciudadano italiano Antimo Pettirossi y doña Rufina Pereira Roldán, de nacionalidad paraguaya. Era el cuarto hijo de la pareja, antecediéndole sus hermanos Alfredo, Elvira y Delia, y siguiéndole Honorina y Luisa.
A la edad de siete años, sus padres deciden enviarlo a Spoleto, Italia, para estudiar en un liceo pre-militar. Vivió siete largos años en Europa, donde habría empezado su amor por la aviación y, a la edad de catorce años regresó a Asunción, donde prosiguió sus estudios. En 1904, estalló una cruenta revolución y Silvio, que contaba con 17 años, se enroló al Ejército, donde luchó valientemente y debido a eso, fue ascendido al grado de Alférez.
“Las noticias publicadas en los periódicos de la época sobre los exitosos vuelos de los hermanos Wright, Santos Dumont, Henri Farman, Roland Garros, Louis Bleriot, entre otros, reavivaron en Silvio la fiebre de volar, pero se dio cuenta de que la única manera de concretar su sueño era viajar al exterior. Así, se puso en contacto con su amigo, el senador argentino Benito Villanueva, manifestándole su intención de conocer las actividades aeronáuticas que estaban naciendo en aquel país”, comentó licenciado Antonio Sapienza.
El mismo destacó que sus esfuerzos no se limitaron a meras conversaciones, sino que invitado por Villanueva, Pettirossi viajó a Buenos Aires, donde se radicó un tiempo, trabajando en la Oficina de la Dirección de Inmigración del puerto y en los círculos bonaerenses, se vinculó rápidamente con el ingeniero Jorge Newbery, pionero de la aviación argentina, quien quedó profundamente emocionado al sentir la pasión del paraguayo por la aviación.
Silvio Pettirossi con su aeronave en Buenos Aires en 1914 en pleno invierno. Foto: Gentileza Antonio Luis Sapienza
“El precursor argentino estimuló a Pettirossi para que viajara a Europa, concretamente a Francia, la Meca de los aviadores, para realizar sus estudios aeronáuticos y recibir su brevet oficial de piloto. Así, Pettirossi, con toda la experiencia de vuelo encima, decidió volver a Paraguay con muchas ideas. Su objetivo fundamental era convencer a las autoridades paraguayas sobre la necesidad de contar con una Escuela de Aviación”, explicó Sapienza a La Nación / Nación Media.
En la misma tesitura, comentó que a su regreso del país vecino, Pettirossi empezó a hablar sobre su idea de viajar a Francia a estudiar aviación a importantes autoridades como senadores, altos jefes militares y hasta al propio ministro de Guerra y Marina, quienes terminaron intercediendo ante el presidente de la República, don Eduardo Schaerer, para que el Gobierno le otorgue una beca de estudio.
Al ver el esfuerzo de su hijo por seguir su carrera como aviador profesional, a pesar de estar en desacuerdo con su viaje y sus ideas revolucionarias respecto a la aviación, su padre lo apoyó y le dio su bendición para perseguir sus sueños y así fue como Pettirossi partió para Francia el 4 de octubre de 1912 y una vez allá, ingresó como alumno en la Escuela de Aviación Deperdussin en Reims.
Deslumbraba al mundo.
El 27 de enero de 1913, y ante la presencia de altas autoridades francesas y un gran público, tanto Silvio Pettirossi como toda la camada de alumnos de aquella promoción se presentó a rendir el examen final; Pettirossi cumplió con todas las pruebas a cabalidad y fue ampliamente felicitado por todas las autoridades presentes.
“El día 17 de febrero de aquel año, en una solemne ceremonia, le fue entregado su brevet, que tenía el número 1.128, ocupando el primer puesto entre 40 oficiales de las Fuerzas Armadas francesas de su promoción. Como premio a su esfuerzo, un decreto del Poder Ejecutivo Paraguayo le confería el grado de Teniente 1° en comisión, del Ejército Paraguayo”, remarcó Antonio Sapienza.
Silvio Pettirossi en compañía de su mecánico Maurice Becquet. Foto: Gentileza Antonio Luis Sapienza
Destacó que a partir de entonces, Pettirossi empezó a ser conocido en Europa y América por una serie de hazañas, ya que durante todo el año de 1913, realizó varios vuelos en monoplanos Deperdussin por toda Francia; entre los que se destaca uno en el cual estuvo en el aire nada menos que ocho horas, por lo que batió el récord mundial de permanencia en el aire, motivo por el cual la prensa francesa lo elogió llamándole “Rey del Aire”.
Así también, el historiador puntualizó que en otra oportunidad, el aviador realizó un vuelo sin escalas de 450 kilómetros entre París y Mourmelon, además de una serie de maniobras acrobáticas como loopings, ochos, eses, vuelos invertidos, entre otras. “Fue después de uno de sus tantos vuelos que un periodista francés le preguntó cómo se sentía él en el aire, a lo que contestó: ...”Me siento dueño del espacio, después de Dios”, precisó el historiador Sapienza.
Trágico final
El fallecimiento del “Rey del aire” lamentablemente se dio también en los cielos, donde pasó gran parte de su vida adulta, un trágico 17 de octubre de 1916 a bordo de su fiel Deperdussin “T” cuando realizaba su famoso “looping al revés”, en los cielos de Ensenada, en la Provincia de Buenos Aires.
El incidente se dio cuando un tensor del ala izquierda cedió, desprendiéndose y golpeando la hélice, seccionándola. Inmediatamente, se quebró el ala izquierda y el aparato empezó a caer en picada pronunciada sin que Pettirossi pudiera hacer algo para evitarla, precipitándose al suelo, donde murió instantáneamente.
El reloj que usaba en el momento de su deceso se detuvo por la violencia del impacto exactamente a las 9:25, aproximadamente 25 minutos después de haber despegado, en lo que todos los presentes creyeron sería una jornada más de históricas deslumbrantes piruetas, pero fue la última del aviador paraguayo.
El fallecimiento del “Rey del aire” lamentablemente se dio también en los cielos, donde pasó gran parte de su vida adulta, un trágico 17 de octubre de 1916. Foto: Gentileza Antonio Luis Sapienza
Si bien Silvio Pettirossi fue velado en la sede del Aeroclub Argentino, donde delegaciones de varios países sudamericanos le rindieron un último homenaje. Luego, el féretro fue trasladado al puerto para ser embarcado con destino a Asunción en un vapor. En la confluencia de los ríos Paraguay y Paraná, el ataúd fue transferido al cañonero “Adolfo Riquelme” de la Armada Paraguaya, que lo trajo a Asunción.
Una vez en la capital fue recibido por altas autoridades civiles y militares, y más de 30.000 personas siguieron el cortejo fúnebre hasta el Ministerio de Guerra y Marina y posteriormente a la Escuela Militar. Al día siguiente, se realizó un oficio religioso en la Catedral de Asunción, finalmente fue enterrado en el Mausoleo Militar del Cementerio de La Recoleta de Asunción.
“Sin lugar a dudas, fue uno de los acróbatas aéreos más extraordinarios de su época, creador del looping invertido y de otras maniobras audaces y arriesgadas que nacieron del espíritu itálico, inquieto y creativo. Pettirossi sembró la semilla de la Aviación en Paraguay y a partir de él otros siguieron sus pasos como Carlos de Paoli y Francisco Montanaro, ambos pilotos paraguayos que pelearon en la Primera Guerra Mundial como voluntarios en la Aviación Militar Italiana, finalizó el historiador Antonio Sapienza.
Datos clave
- El prodigio de la aviación paraguaya nacía en Asunción un 16 de junio de 1887.
- El 4 de octubre de 1912, en Francia, ingresó como alumno en la Escuela de Aviación Deperdussin en Reims.
- Un 17 de noviembre, pero hace 110 años, el Teniente 1.º Silvio Pettirossi realizó el primer vuelo oficial en cielo guaraní.
- El fallecimiento del “Rey del aire” lamentablemente se dio también en los cielos, donde pasó gran parte de su vida adulta, un trágico 17 de octubre de 1916.
- Fue uno de los acróbatas aéreos más extraordinarios de su época, creador del looping invertido y de otras maniobras audaces.
Pettirossi partió para Francia el 4 de octubre de 1912 y una vez allá, ingresó como alumno en la Escuela de Aviación Deperdussin en Reims. Foto: Antonio Luis Sapienza



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