Nacido en Asunción el 26 de junio de 1941, comenzó estudios de Derecho, carrera que abandonó tempranamente para dedicarse al periodismo. Sus primeros pasos profesionales fueron en la revista Ñande y posteriormente se incorporó a la redacción del diario La Mañana, donde permaneció hasta el cierre del periódico, en 1961. Luego de realizar estudios de periodismo en España regresó a Paraguay e ingresó al diario La Tribuna, donde introdujo innovaciones en la sección de Espectáculos. Más tarde formó parte de la redacción de ABC Color desde la fundación del periódico, desarrollando allí buena parte de su extensa carrera periodística. En ese medio estuvo al frente del área cultural. Allí fue autor de columnas como Crónicas de un terráqueoLínea privada y La polilla azul, espacios desde los cuales construyó una voz personal y una opinión independiente que alcanzó amplio reconocimiento entre los lectores.

La escritura

Paralelamente al periodismo, Ruiz Nestosa desarrolló una obra literaria caracterizada por la experimentación formal y por un permanente desafío a las convenciones del texto. Publicó, entre otros títulos, Las musarañasEl contador de cuentosLos ensayosDiálogos prohibidos y circulares y La generación de la paz.

Su último libro, Madre de ciudades: La del no me acuerdo y la del no sé, recuperó otra de las presencias constantes en su trayectoria: Asunción. Concebida como una suerte de cruce entre memorias y crónicas, la obra reconstruye la ciudad desde los recuerdos, las ausencias y las transformaciones experimentadas a lo largo del tiempo.

Su actividad se extendió asimismo a la música. Junto al compositor y director de orquesta Luis Szarán, escribió textos para obras como La Cruz del SurEl arco de bronce y la cantata rock Disidencias

La experimentación fotográfica

La fotografía constituyó otro de los grandes territorios creativos de Ruiz Nestosa. Cursó estudios en el Rochester Institute of Technology, en Estados Unidos, y desarrolló una extensa producción que atravesó diferentes momentos. En sus comienzos se inclinó por una fotografía de carácter experimental, para posteriormente acercarse a una imagen más realista, en la que aparecieron con frecuencia la espesura de la vegetación, los espacios deshabitados y las calles vacías e impersonales.

Su obra fotográfica formó parte de diversas exposiciones y llegó también a la Bienal de São Paulo. La fotografía fue para Ruiz Nestosa un lenguaje desde el cual desplegó una mirada atenta a los espacios, sus huellas y sus silencios. Precisamente ella marcó su última visita a Paraguay. En octubre de 2025 regresó a Asunción para presentar en la Casa Bicentenario de las Artes Visuales la exposición El Tormes de Lazarillo, integrada por fotografías en blanco y negro tomadas en las riberas del río Tormes, que atraviesa Salamanca.

La muestra establecía un diálogo visual con El Lazarillo de Tormes, la novela anónima que marcó un punto de inflexión en la historia de la literatura. A partir del paisaje del río y sus márgenes, Ruiz Nestosa proponía un encuentro entre fotografía, territorio y memoria literaria. Aquella exposición terminó convirtiéndose en su última presentación en Asunción.

Jesús Ruiz Nestosa, obra que será exhibida en la muestra. Jesús Ruiz Nestosa, obra de la muestra "El Tormes de Lazarillo". Cortesía

Una presencia activa en las artes visuales

Su relación con el arte paraguayo excedió ampliamente su trabajo como fotógrafo y periodista cultural. Fue miembro y presidente del Capítulo Paraguay de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) y participó activamente de los debates y procesos que atravesaron la escena artística del país.

Durante los años ochenta dirigió la Galería Agustín Barrios del Centro Cultural Paraguayo Americano, un espacio que desempeñó un papel relevante en la experimentación artística de aquella década y en la circulación de propuestas que buscaban ampliar los lenguajes y límites de las artes visuales.

Periodismo, literatura, fotografía, crítica de arte y experimentación confluyeron así en una trayectoria desarrollada durante más de seis décadas. Jesús Ruiz Nestosa hizo del ejercicio de la mirada y de la escritura el centro de una práctica intelectual sostenida. Su última visita a Asunción, con las imágenes del Tormes tomadas desde la ciudad española que había elegido para vivir, adquirió finalmente el carácter de una despedida.