La medida fue dispuesta por la Unidad Fiscal de la provincia de Santa Fe, de donde era oriunda Oliveras, con el objetivo de que “preserve el cuerpo en las condiciones adecuadas” hasta tanto esa dependencia judicial determine si se abre una investigación o se desestima la denuncia.
Oliveras, de 47 años, falleció el lunes en el hospital Jose María Cullen de Santa Fe, capital de la provincia con el mismo nombre, donde la exboxeadora estaba en cuidados intensivos desde hacía 14 días tras sufrir un derrame cerebral.
Su familia había decidido cremar sus restos el miércoles en el cementerio municipal.
La orden judicial se dispuso después de que se presentó el fisicoculturista Aldo Parodi, quien lidera una campaña en reclamo por la falta de controles en el uso de sustancias prohibidas y su impacto en la salud de los atletas.
Según su abogada Patricia Apesteguy, Parodi sospecha que el deceso de Oliveras pudo vincularse al consumo de anabólicos esteroides ilegales que le permitieron tras su retiro transformar su contextura física pequeña.
“No se logra de forma natural, sino por la utilización de aditamentos”, dijo la letrada en entrevistas a diferentes medios locales.
Parodi apuntó a supuestas “mafias” que actúan en gimnasios comercializando sustancias ilegales aprovechando la falta de controles.
Los esteroides anabólico-androgénicos son sustancias sintéticas similares a la hormona sexual masculina testosterona que favorecen el crecimiento del músculo esquelético, según la definición del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA, por sus siglas en inglés). Su uso indebido puede provocar ataques cardíacos prematuros, derrames cerebrales, tumores hepáticos, insuficiencia renal y problemas psiquiátricos.
En su carrera como boxeadora, Oliveras obtuvo seis coronas mundiales como supergallo de la CMB, pluma de la AMB y ligero de la CMB. Acumuló 33 victorias, tres derrotas y dos empates.



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