Al dar inicio a la sesión de tres horas y media, Infantino reconoció haberse equivocado en la metodología utilizada para presentar la iniciativa junto al inversionista Joshua Kushner —hermano del yerno de Donald Trump—, disculpándose formalmente ante los 37 miembros del consejo por haberlos tomado por sorpresa. Para intentar recomponer los puentes de cara a su campaña de reelección, el presidente puso sobre la mesa un nuevo esquema financiero que proyecta distribuir USD 600 millones en cuatro años a partir de 2027 entre las distintas asociaciones miembro.
Pese a los gestos conciliadores del mandamás de la FIFA, la delegación europea reaccionó con dura severidad. La presidenta de la Asociación Inglesa de Fútbol (FA) y vicepresidenta del organismo, Debbie Hewitt, increpó públicamente al mandatario por la falta de documentación detallada sobre las valuaciones comerciales de la filial creada y los expedientes del cuestionado caso Folarin Balogun, delantero estadounidense cuya sanción por tarjeta roja habría sido levantada tras contactos con el expresidente Donald Trump.
A las críticas de la dirigencia británica se sumó la postura de Bernd Neuendorf, representante de la Federación Alemana de Fútbol, quien aseveró que Infantino no brindó respuestas satisfactorias sobre el manejo de las finanzas y la reputación del ente madre. La tirantez institucional escaló a los estrados judiciales luego de que tribunales de Estados Unidos recibieran solicitudes de la UEFA para acceder a pruebas en el marco de una demanda penal radicada en Suiza contra la gestión de la FIFA por presunta mala administración.
El trasfondo de la disputa apunta de lleno al escenario electoral que se definirá en el 77.º Congreso de la FIFA, a celebrarse el 18 de marzo de 2027 en Rabat, Marruecos. Con el plazo para oficializar candidaturas fijado para el próximo 18 de noviembre, la UEFA confirmó que agotará las instancias para postular a un rival de peso. Entre los nombres de posibles competidores que cobraron fuerza se encuentran el francés Arsène Wenger, el exjugador Ramón Vega, la empresaria Michele Kang y la presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, Lise Klaveness.
Si bien Infantino logró afianzar el apoyo de bloques de la Concacaf y la Confederación Africana de Fútbol mediante sus giras de desagravio y promesas presupuestarias, la crisis de gobernanza dejó una fractura profunda en el fútbol mundial. El ente internacional evalúa ahora dar marcha atrás en iniciativas accesorias como el cuestionado Premio Nobel de la Paz institucional entregado a Trump, mientras la disidencia europea exige respuestas por escrito como condición innegociable para definir si el suizo es apto para continuar al frente del organismo hasta 2031.





