La eliminación del Mundial caló tan hondo en Gustavo Alfaro que el entrenador prefirió poner un freno de mano antes de firmar cualquier papel. Pese a que el presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), Robert Harrison, ya manifestó públicamente su intención de renovar el vínculo, el estratega argentino fue tajante: hoy no tiene las energías para asegurar su continuidad y necesita aislarse del ruido futbolístico. En una charla honesta y fiel a su estilo metafórico, Alfaro analizó su situación actual.
Una renovación que no basta para la “revolución”
Al ser consultado sobre los plazos para darle una respuesta definitiva a la dirigencia paraguaya, el DT prefirió no apurarse y dejó en claro que la transformación que necesita la selección va mucho más allá de una simple firma en un papel: “Yo lo que necesito es tocar tierra, lo que necesito es tocar tierra, lo que necesito es volver a estabilizarme, a que todo esto que levanta una polvareda enorme se disipe, se decante para poder analizar con tranquilidad. Porque no quiero avanzar en esto, pero no es únicamente la voluntad de... No alcanza con el técnico de turno, no alcanza, no alcanza; con la renovación de contrato no alcanza, no alcanza, porque la revolución requiere más cosas, requiere un montón de cosas más y bueno, no sé. Hoy por hoy no te puedo responder eso. No te puedo responder eso”.
El refugio familiar antes de tomar una decisión
Respecto al tiempo que se tomará para definir su futuro, Alfaro descartó un parate prolongado, pero enfatizó la urgencia de reencontrarse con sus seres queridos en Argentina para limpiar la cabeza y evitar un desgaste prematuro a corto plazo: “¿Cuánto puede demorar? No sé, no sé. Necesito... Me voy mañana a Paraguay, me iré a Argentina, me quiero ir a Argentina; quiero ir a ver a mi familia a Rafaela, quiero ir a visitar a mis hijas y a mi nieta y esto lo quiero hacer. Necesito un tiempo, necesito un tiempo; eso no quiere decir que necesito seis meses, no, no, no, para nada. Porque lo peor que yo podría hacer es decir que sí: «Sí, dale, vamos para adelante», tengo la cabeza quemada y en septiembre ya no doy más”.
La exigencia de un proceso con la vara más alta
El entrenador también reflexionó sobre cómo cambió la realidad de la Albirroja desde su llegada hace casi dos años, advirtiendo que el éxito alcanzado modificó los parámetros y que el próximo ciclo requerirá una inyección de energía mucho mayor: “Entonces, acá hay que construir algo que sea perdurable en el tiempo y yo tengo que traer mucha más energía que la que tuve cuando, hace un año y diez meses, llegué a Paraguay. Porque sé que hoy ya está, ahora viene otra demanda de exigencias, otra demanda de exigencias distintas, porque los estándares están más arriba; antes estaban más abajo, ahora tenemos estándares más arriba. Entonces, tenemos que demostrar que estamos a la altura de las circunstancias”.
El desafío final: nivelarse para arriba
Para cerrar, el estratega utilizó una analogía sobre la infancia para explicar que el desarrollo futbolístico e institucional no es un camino sencillo, planteando una fuerte interrogante sobre si el entorno y él mismo están listos para afrontar ese proceso: “Crecer genera dolor, genera dolor. Acuérdense cuando eran chicos, que en un momento crecían las extremidades, les empezaban a doler las articulaciones porque crecían, tenían el tronco chico, les cambiaba la voz... Entonces, crecer duele, crecer duele y Paraguay tiene que crecer y el crecimiento viene con dolor, hay que estar preparados para soportar ese dolor, el dolor de la exigencia el dolor de nivelarse para arriba. ¿Estamos preparados para eso? Esa es una de las respuestas que todos tenemos que resolver y yo tengo que responder si yo estoy preparado para ese crecimiento con dolor”.



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