La Iglesia Católica elevó este domingo el tono de sus cuestionamientos ante la crisis que atraviesa la salud pública y puso el foco en una dura contradicción: mientras numerosos paraguayos padecen carencias y hasta mueren por falta de medicamentos, otros sectores viven entre el despilfarro, la opulencia y la ostentación.
El pronunciamiento se produjo durante la misa de las 07:00 en la Basílica de Caacupé, presidida por monseñor Celestino Ocampos, obispo de Carapeguá. En su homilía, el religioso respaldó los reclamos de médicos, enfermeros y demás trabajadores de la salud, que denuncian falta de medicamentos, insumos, profesionales y condiciones adecuadas para atender a los pacientes.
“En nuestro país sufren y mueren muchos inocentes a causa de la pobreza, la violencia en las familias, por falta de medicamentos”, expresó Ocampos durante la celebración.
El obispo contrapuso esa realidad con la situación de quienes cuentan con recursos en abundancia. Habló de una “gran injusticia que clama al cielo” y cuestionó que, mientras numerosos paraguayos sufren necesidades, otros “despilfarran y viven en la opulencia y la ostentación”.
La crítica adquirió un fuerte contenido político al estar acompañada de un llamado directo a quienes tienen la responsabilidad de responder a la crisis sanitaria. Ocampos pidió que las autoridades escuchen el reclamo de los médicos, los enfermos y los sectores más vulnerables.
Médicos llevaron su reclamo a Caacupé
La homilía coincidió con la presencia de integrantes del Sindicato Nacional de Médicos (Sinamed) en la Basílica, quienes llegaron con carteles para visibilizar la situación que atraviesa la salud pública.
“Faltan médicos”, “No tenemos insumos”, “Ningún paraguayo debe morir por ser pobre”, “No tenemos sueros” y “No somos escuchados por el Gobierno” fueron algunos de los mensajes exhibidos por los profesionales durante la jornada.
La protesta trasladó hasta uno de los principales centros religiosos del país un conflicto que viene creciendo en las últimas semanas y que tiene como trasfondo las condiciones laborales de los profesionales y las carencias que afectan directamente la atención de los pacientes.
Ocampos sostuvo que los reclamos del personal de blanco no responden a un afán de enriquecimiento, sino a la necesidad de contar con condiciones mínimas para trabajar, insumos y salarios dignos.
“No podemos permanecer callados”
El obispo Ocampos reivindicó además el papel de la Iglesia ante la crisis y afirmó que su misión no se limita a acompañar espiritualmente a la población, sino que también comprende la denuncia de las injusticias. “No podemos permanecer callados ni indiferentes”, manifestó.
Durante la celebración, Ocampos recordó el reciente pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), que calificó a la salud como “un bien común, un derecho de todos y no un privilegio de quienes pueden pagarlo”.
La CEP expresó su preocupación por el deterioro del sistema sanitario y por la incertidumbre que enfrentan los pacientes ante la renuncia de especialistas. También instó al Estado a asumir su responsabilidad y propuso abrir una mesa de trabajo que involucre a distintos sectores para buscar soluciones.
El mensaje desde Caacupé reclamó que la atención médica no dependa de la capacidad económica de una familia, de sus contactos o de la solidaridad ocasional.
La Iglesia pidió respuestas concretas y advirtió que no es momento de indiferencia, justificaciones ni de trasladar responsabilidades. En medio de la confrontación entre médicos y autoridades, Caacupé puso así en primer plano el contraste entre las carencias de quienes dependen del sistema público y la opulencia denunciada desde el altar.



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