Refirió que la pérdida del horizonte moral por acción u omisión facilitan la corrupción, que es como una gangrena que va enfermando el cuerpo social.
“Al estado de corrupción pública y privada, se suma el crimen organizado en diversas facetas, tráfico de drogas, de personas, lavado de dinero, que si no hay reacción como iglesia, terminará por aniquilar la institucionalidad de la República”, dijo.
El mismo añadió que urgen respuestas y acciones radicales para defender a los más vulnerables y la responsabilidad de una sociedad más justa es tarea de la política y los políticos. Según él, el saneamiento moral no sería posible si los órganos encargados de perseguir la corrupción y evitar la impunidad de estos, no cumplen con su función.
“Subrayamos la responsabilidad del Poder Judicial y del Ministerio Público. La corrupción social es un pecado grave. También, pedimos a los cristianos con cargos de relevancia a investigar e impartir justicia, que revisen si sus decisiones son coherentes con sus creencias religiosas y ciudadanas”, enfatizó.
Además, pidió honrar la memoria de algunos valientes operadores de justicia como el fiscal Marcelo Pecci, “que ha resistido hasta derramar su sangre”.



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