En algunos casos, pocos pero difundidos, se valen del oficio periodístico para desinformar, difamar, difundir fatos falsos e instalar temas que responden a oscuros intereses, con datos que no son comprobables. Las reglas básicas del periodismo se pasan de largo sin ningún control y de manera impune; echan por tierra procedimientos elementales de redacción con tal de emitir una nota para difundir y comentar entre sus bots en redes. Ahora actúan de manera abierta y ya no les importa hacerse pasar por otra persona en sus perfiles falsos. Entre tanta oferta mediática, estas opciones se disfrazan de medios independientes y fueron creadas por sectores para fortalecer sus campañas y atacar a sus adversarios. La situación no es novedad y no ocurre solo en Paraguay. El problema llama a un compromiso de profesionales, así como y de lectores y televidentes.

En estos tiempos de cólera, en donde los ataques son comunes y el año electoral expande el abanico político, es fundamental que sepamos diferenciar entre información detallada, rigurosa y profesional de las simples propagandas o fake news que terminan generando más desinformación ciudadana.

Por: Juan Cáceres Troche