La fiscal Ruth Benítez, quien encabezó el procedimiento, manifestó que los internos causaron un perjuicio patrimonial de unos G 1.500 millones; de las celdas de los sospechosos se incautaron sumas de dinero, drogas y varias cédulas de identidad.
A su turno, el Crio. Diosnel Alarcón, jefe de Delitos Informáticos de la Policía, comentó que dentro de la cárcel encontraron un laboratorio de reparación de equipos informáticos, “ellos tenían toda la libertad de operar” puntualizó. Agregó que habrían personas fuera de la cárcel que habrían colaborado, prestando sus cuentas para mover el dinero producto de la estafa.
De acuerdo a las sospechas, los internos habrían logrado acceder sin consentimiento de los titulares a varias billeteras electrónicas “Tigo Money”, adulterando documentos de identidad, lo que les permitía burlar el proceso de validación de identidad de las plataformas; esto les permitía ingresar a las billeteras electrónicas de clientes y una vez dentro cambian ciertos parámetros de la configuración y asocian sus números telefónicos, lo que les permitía realizar giros o envíos de dinero.
Los presuntos implicados son German Leguizamón, con prisión preventiva actualmente, y cuenta con antecedentes por robo, reducción, violación a la Ley de Armas, lesión con arma blanca en la Penitenciaría Regional de Concepción, mientras se encontraba recluido en dicho lugar; Alcides González Villalba, con antecedentes por robo agravado, tenencia de estupefacientes; Derlis Jonathan Ruiz Diaz, con antecedentes por robo agravado, robo con resultado de muerte; Sergio Fabián Núñez Mareco, tentativa de robo agravado; y Charles Albert Arthur David Martínez Camera, conocido con el alias de “El hombre de las mil voces”.
Según la denuncia, estos internos adulteraban documentos de identidad, de modo que la plantilla de la cédula coincida con el rostro de los sindicados de manera a validar la autenticación biométrica requerida por el sistema Facetec (video-selfie y escaneo frontal y dorsal del documento). Asimismo, modificaban datos personales de varias personas, utilizando sus nombres y apellidos, fecha de nacimiento, número de CI.
Una vez que lograban burlar los sistemas de seguridad, ingresaban a las billeteras electrónicas “Tigo Money” de los clientes e inmediatamente asocian sus identidades falsas con los números telefónicos que utilizarían para las transacciones. Estos números telefónicos tampoco le corresponden a la titularidad de ellos; verificaban los saldos y se encargaban de vaciar por medio de transferencias a otras billeteras electrónicas, giros de dinero a otras operadoras, compras de paquetes y recargas de saldos, etc.
El Observador



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