Bajo su mando, la milicia paramilitar Basij —compuesta por cientos de miles de voluntarios— dirigió las operaciones de mayor violencia contra manifestantes desarmados. Entre las acciones más criticadas destacan la brutal respuesta a las protestas de noviembre de 2019, que dejaron cientos de muertos, y las movilizaciones de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini. Arrestos masivos, torturas y uso indiscriminado de la fuerza letal caracterizaron estas intervenciones, por las que Soleimani acumulaba sanciones internacionales de Estados Unidos y la Unión Europea por violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Expertos señalan que su eliminación representa un duro golpe a la estructura represiva interna de Irán y forma parte de una campaña israelí contra altos mandos del IRGC. El Basij, clave para el control social del régimen, podría enfrentar un vacío de liderazgo en un momento de máxima tensión regional.

Este nuevo episodio en la guerra Irán-Israel eleva la presión sobre Teherán. Aunque Irán aún no ha emitido una reacción oficial, el hecho refuerza la estrategia israelí de desmantelar las redes de represión y poder del régimen. Las próximas horas serán decisivas para medir el impacto en la estabilidad interna iraní.