En el centro de esta trama se encuentra Juan Silvino “Juancho” Acosta, actual gobernador de Amambay, quien jugó un papel clave en la entrada de Gomes en la política, a pesar de los cuestionamientos que ya pesaban sobre él por sus presuntos vínculos con el crimen organizado en la frontera con Brasil.

Según fuentes políticas y judiciales, fue Juancho Acosta quien impulsó a Lalo Gomes dentro del Partido Colorado. Gomes, sin estructura ni respaldo político, pero con grandes recursos económicos de dudosa procedencia, fue convencido de que podía obtener poder y protección a través de la política. De esta manera, financió campañas y se convirtió en un actor clave dentro del oficialismo, llegando incluso a aportar un millón de dólares a la campaña presidencial de Mario Abdo Benítez.

Las recientes filtraciones de chats han expuesto aún más el entramado de corrupción. En los mensajes, Alexandre Rodrigues Gomes, hijo de Lalo, sugirió a su padre que ofreciera un millón de dólares a Hugo Velázquez, entonces vicepresidente de la República y líder del movimiento Fuerza Republicana, para asegurar una banca en el Congreso. Velázquez negó haber recibido dicho dinero, pero la simple existencia de estas conversaciones refuerza la teoría de que Gomes utilizaba el poder del dinero para avanzar en la política.

Sin embargo, la relación entre Gomes y Juancho Acosta no solo afectó al movimiento Fuerza Republicana, sino que perjudicó a toda la estructura del Partido Colorado. Con Gomes en el poder y con el aval de Acosta, el partido quedó aún más expuesto a la corrupción, permitiendo el ascenso de otros personajes vinculados a negocios turbios. La imagen del coloradismo, ya deteriorada, se hundió aún más al quedar en evidencia que dentro de sus filas no solo había políticos tradicionales, sino también operadores del crimen organizado.

Hoy, con Gomes fuera del escenario y varios de sus aliados enfrentando procesos judiciales, la pregunta es clara: ¿seguirá Juancho Acosta operando impunemente desde el poder? La historia reciente demuestra que su influencia ha sido nefasta para el Partido Colorado y para el país. Mientras tanto, las autoridades deben decidir si permitirán que el gobernador de Amambay siga siendo el arquitecto de la corrupción en la frontera.

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