El caso se originó a raíz de un mensaje en el que la magistrada escribió la frase «sin lloro», en respuesta a cuestionamientos formulados por González contra la ministra de la Corte Suprema de Justicia, Carolina Llanes.

Durante el proceso, Marchuk sostuvo que sus expresiones estaban amparadas por la libertad de expresión y que se dieron en un contexto coloquial. Sin embargo, el Consejo Consultivo consideró que, por la naturaleza del cargo que ejerce, los jueces deben actuar con prudencia, mesura y una permanente apariencia de imparcialidad, incluso en sus manifestaciones públicas.

Como consecuencia, el Tribunal de Ética Judicial resolvió imponer a la magistrada una medida de recomendación y ordenó que la resolución sea difundida públicamente a través de la Corte Suprema de Justicia.