Cartes fue internado de urgencia el jueves 26 de febrero en el sanatorio Migone, en Asunción, tras un episodio de convulsión repetitiva que comenzó en su vivienda y se repitió ya en el centro asistencial. Los médicos informaron que quedó en terapia intensiva, sedado e intubado, con medicación anticonvulsivante, mientras se investigaban las causas del cuadro. En los primeros estudios se practicó una resonancia magnética con contraste para descartar un ACV, además de otros exámenes complementarios y una punción lumbar para descartar un proceso infeccioso.
Este viernes 27, el equipo médico reportó avances: le implantaron un marcapasos y comenzaron el retiro progresivo de la sedación para evaluar tolerancia y evolución. La expectativa clínica comunicada públicamente es que, si el cuadro se mantiene favorable, en 24 a 48 horas puedan retirarle la intubación respiratoria y luego sacarlo de terapia intensiva, con posibilidad de alta en los próximos días según la evolución.Suscribite a nuestra newsletter
El caso activó incluso un operativo de seguridad: el ministro del Interior pidió custodia policial permanente en el sanatorio durante el tiempo que dure la internación y recuperación.
El poder de Cartes y por qué la UTI se volvió debate político
Más allá del parte médico, la internación impacta en el corazón del sistema de poder del oficialismo. Cartes no solo es expresidente y titular de la ANR: es el líder del movimiento Honor Colorado, el gran ordenador de candidaturas, alianzas y disciplina interna. En términos prácticos, su rol opera como el "timón" partidario que ordena la mayoría legislativa y sostiene el músculo territorial con miras a las internas y a las municipales.
Por eso, aunque el cartismo insiste en que hablar de reemplazos es prematuro, la pregunta se instaló igual: qué pasa si la ausencia se prolonga o si el cuadro se agrava, quién firma, decide y contiene una eventual disputa interna.
Qué dice el estatuto de la ANR y por qué reaparece el nombre de Galaverna
En medio de rumores y versiones cruzadas, el propio oficialismo tuvo que salir a recordar que el estatuto partidario prevé líneas de reemplazo si la ausencia del presidente fuera permanente: asumiría el vicepresidente primero, y luego el segundo o el tercero según corresponda.
Ahí aparece el nombre de Juan Carlos "Calé" Galaverna, actual vicepresidente primero de la ANR, figura histórica del coloradismo. La Comisión Ejecutiva del partido ubica a Galaverna como vicepresidente primero, a Rodolfo Friedmann como vicepresidente segundo y a José Alberto Alderete como vicepresidente tercero.
El detalle no es menor: una cosa es la conducción política informal que hoy centraliza Cartes y otra es la conducción estatutaria que podría activarse ante una ausencia permanente. El problema es quién define cuándo se cruza esa línea y con qué costo político.
El cartismo cierra filas: no hace falta designación y Cartes es el presidente
Los voceros del oficialismo se movieron rápido para apagar el incendio antes de que prenda.
Desde el entorno partidario se descartó que se esté analizando una designación temporal y se sostuvo que el partido funciona con normalidad y que no hace falta reemplazo. También se afirmó que el expresidente amaneció muy bien y avanza favorablemente según los reportes médicos.
Sin embargo, versiones que insinuaban la posibilidad de que Galaverna asuma provisoriamente obligaron a referentes cartistas a salir a desactivar el tema.
En la misma línea, aliados del cartismo rechazaron un reemplazo temporal y remarcaron que el presidente del partido es Horacio Cartes y nadie más, señalando que especular políticamente con la salud de una persona es irresponsable.
Desde la Junta partidaria también se insistió en que la estructura sigue operativa, que no hay ausencia permanente que obligue a activar el estatuto y que el tema de un relevo no está en carpeta.
Natalicio Chase y el argumento del irremplazable
En paralelo al encuadre estatutario, apareció la otra línea de defensa: la narrativa de que Cartes es irremplazable y que hablar de sucesión es apresurado. En ese registro se ubicaron referentes del cartismo en el Senado, con mensajes que plantean que no existe reemplazo político para el liderazgo de Cartes y que cualquier discusión debe esperar la evolución médica.
El subtexto es claro: el oficialismo intenta cerrar el debate con un candado político, porque abrirlo hoy sería admitir que el liderazgo real del movimiento no está institucionalizado y que, sin Cartes operando, el poder puede fragmentarse en varios centros de decisión.
Jaeggli mete el dedo en la llaga: riesgo de inestabilidad
Del otro lado del mostrador, el exsenador Alfredo Jaeggli empujó la discusión hacia el terreno que el cartismo quiere evitar: el impacto institucional. Tras acudir al sanatorio, advirtió que si algo le llegara a pasar a Cartes podría generarse un escenario de inestabilidad, argumentando que las instituciones son débiles y que el sistema político depende demasiado de un liderazgo concentrado.
Su lectura conecta con el punto más sensible del momento: no se trata solo de una presidencia partidaria, sino de quién ordena la toma de decisiones del oficialismo cuando el líder que concentra ese poder está fuera de juego, aunque sea temporalmente.
Mensajes, reacciones y el clima político
La internación también disparó reacciones públicas de apoyo y llamados a la oración por parte de familiares y dirigentes.
Pero el episodio también reactivó antagonismos políticos, con cruces entre referentes del oficialismo y del sector abdista en torno a mensajes de solidaridad y acusaciones de hipocresía.
Esa mezcla de respaldo, control del daño interno y pases de factura externos marca el clima: la salud de Cartes se volvió un hecho político de primer orden.
El Nacional



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