La retórica de Milei es provocativa, burlona y divertida. Maldice a la izquierda y a todo el sistema político, al que sus partidarios llaman “la casta”. Por sus posiciones y actitudes ha sido comparado con Donald Trump y Jair Bolsonaro. Es amigo del diputado Eduardo Bolsonaro y, tras la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, no llamó victorioso a Lula, sino a Bolsonaro. “Me gustaría felicitarlo por el excelente resultado que obtuvo”, justificó.

Aunque no defiende la dictadura militar argentina (1976-83), Milei se alía con sus defensores y dice que la izquierda exagera el número de víctimas durante el período. Pretendiendo ser ultraliberal, defiende la dolarización de Argentina, la privatización general, la salida del país del Mercosur y la extinción del Banco Central. En el plano moral, es un pozo de contradicciones. Afirma estar a favor de las uniones homosexuales, ya que considera el matrimonio una decisión de adultos, pero está en contra del aborto y la educación sexual en las escuelas.

El 22 de octubre se realizarán las elecciones a la Presidencia de Argentina. La centroizquierda y la centroderecha lideran el camino, pero en tercer lugar, oscilando entre el 19% y el 21% de los votos, se encuentra el nuevo fenómeno político del país: el economista Javier Milei, de 52 años, que está atrayendo a un derecha y casi toda la extrema derecha.

Fuera de las cámaras, es un tipo tranquilo, se expresa de manera pausada y desapasionada, dice Sylvia Colombo , de Buenos Aires, en Piauí este mes. Sin embargo, cuando se enciende un foco, abre sus ojos azules, levanta los brazos y comienza a lanzar blasfemias e insultos a sus oponentes. En las redes sociales aparece bailando y exhibiendo una motosierra, para ilustrar su propuesta de podar la administración pública en Argentina.