A primera vista, parece normal: el paso de miles de aos hace inevitable que cualquier monumento o artefacto se desgaste. Pero por qu haba tantas estatuas pristinas a las que lo nico que les faltaba era la nariz?

Quizs porque, al fin y al cabo, si algo se va a romper es ese prominente rgano.

Sin embargo cmo se explicaba entonces que obras de relieve en dos dimensiones a menudo mostraran el mismo dao?

El asunto haba dado luz a suposiciones, incluyendo una amarga que se sigue repitiendo, a pesar de que ha sido refutada: que fue un intento de los colonialistas europeos de borrar las races africanas de los egipcios antiguos.

Los expertos, al contrario, aseguran que esta teora carece de fundamento, entre otras razones porque las narices no son la nica evidencia fsica de esos orgenes.

Y concuerdan en que, a pesar de los muchos horrores del imperialismo, ste no es uno de ellos.

Entonces qu pudo haber sucedido?

Poderes divinos

La respuesta con ms credibilidad en este momento se resume en una palabra: iconoclasia, del griego Eikonoklasmos, que significa "ruptura de imgenes".

No estamos hablando de los seguidores de la corriente del siglo VIII que rechazaba el culto a las imgenes sagradas, las destrua y persegua a quienes las veneraban.

En este caso, el trmino se usa de una manera ms amplia para nombrar la creencia social en la importancia de la destruccin de iconos y otras imgenes o monumentos, con frecuencia por motivos religiosos o polticos.

Y cobra mucho sentido cuando tienes en cuenta que para los antiguos egipcios las estatuas eran el punto de contacto entre los seres divinos y los terrenales.

Estela de piedra caliza de Penbuwy, XIX Dinasta, alrededor de 1200 a. C. De Deir el-Medina en Tebas. Esta estela fue hecha por Penbuwy en honor al dios Ptah, quien se muestra en la parte superior izquierda, sentado en un santuario ante una mesa llena de ofrendas de comida. Getty Images Representaciones bidimensionales tambin muestran el mismo tipo de dao, como en esta estela de Penbuwy, XIX Dinasta, alrededor de 1200 a.C. en honor al dios Ptah.

Los antiguos egipcios crean que las imgenes podan albergar un poder sobrenatural, como explica Edward Bleiberg, el curador principal de arte egipcio, clsico y del Antiguo Medio Oriente del Museo de Brooklyn.

Bleiberg, quien explor el tema movido por el hecho de que la consulta ms comn de los visitantes al museo era "por qu estn rotas las narices?", explica que las palabras para "escultura" y "escultor" enfatizan que las imgenes estn vivas.

La palabra para "escultura" significa literalmente, "algo creado para vivir", mientras que un escultor es "alguien que le da vida".

Los objetos que representaban la forma humana, en piedra, metal, madera, arcilla o incluso cera, podan ser ocupados por un dios o un humano que haba fallecido y se haba convertido en un ser divino, y as podan actuar en el mundo material.

As lo cuenta de Hathor, la diosa del amor y la fertilidad, una inscripcin de las paredes del templo de Dendera, probablemente construido por el faran Pepy I (2310 a 2260 a.C.):

() baja volando del cielo para entrar en el Horizonte de su Alma [es decir, su templo] en la Tierra, vuela hacia su cuerpo, se une con su forma.

En ese caso, la diosa impregna una figura tridimensional, pero en el mismo templo se habla de cmo Osiris uno de los dioses ms importantes de Antiguo Egipto se funde con una representacin en relieve de s mismo:

Osiris ... viene como un espritu ... Ve su forma misteriosa representada en su lugar, su figura grabada en la pared; entra en su forma misteriosa, se posa en su imagen.

Una vez ocupadas, las imgenes tenan poderes que podan activarse a travs de rituales.

Y tambin podan desactivarse mediante un dao deliberado.

Pero por qu hacerlo

Las razones eran muchas, desde la furia y resentimiento contra enemigos a quienes se quera herir en este mundo y el prximo, hasta el terror a la venganza del difunto que sentan los ladrones de tumbas, as como las ganas de reescribir la historia o los sueos de cambiar toda la cultura.

Tutankamn con la corona azul (y sin nariz), siglo XIV a.C. Tutankamn rein entre 1333 y 1323 a.C. y fue un faran de la XVIII Dinasta del Antiguo Egipto. Getty Images Tutankamn con la corona azul (y sin nariz), siglo XIV a.C. Tutankamn rein entre 1333 y 1323 a.C. y fue un faran de la XVIII Dinasta del Antiguo Egipto.

Cuando el padre de Tutankamn, Akenatn, quien gobern entre 1353-1336 a.C., quiso que la religin egipcia girara en torno a un dios, Aten, una deidad solar, se enfrent a un ser poderoso: el dios Amn.

Su arma fue la destruccin de imgenes.

La situacin se revirti cuando Akenatn muri y el pueblo egipcio reanud el culto tradicional: los templos y monumentos en honor a Aten y al difunto faran fueron los que enfrentaron la destruccin.

Pero recordemos que no eran slo los dioses quienes podan habitar las imgenes, sino tambin los humanos que haban fallecido y, tras el largo y tortuoso viaje hasta la Sala de la Doble Verdad, demostrado su decencia en el Juicio del alma, convirtindose en seres divinos.

Saber que tus antepasados te siguen acompaando a pesar de su muerte puede ser reconfortante... pero tambin preocupante, particularmente si eres alguien poderoso y no te conviene que el pasado te haga sombra.

Y las luchas de poder a menudo dejan cicatrices.

Cuando Thutmosis III, quien gobern 1479-1425 a.C., quiso asegurarse de que su hijo lo sucediera.

Intent para ello borrar de la historia a su predecesora y madrasta Hatshepsut, destruyendo la evidencia fsica de su existencia. Y casi lo logr.

Ansiedad por el futuro del pasado

Estos ejemplos pueden dar la impresin de que slo suceda en casos extremos, pero la destruccin de representaciones de deidades o humanos era tan comn que, como document el egiptlogo Robert K. Ritner, supona una preocupacin constante en el Antiguo Egipto.

Estatua de cuarcita del Visir Iimeru, de 148 cm de altura, Karnak. Civilizacin egipcia, Reino Medio. Pars, Muse du Louvre Getty Images A esta estatua de cuarcita del Visir Iimeru slo le falta una cosa.

Entre los numerosos textos que expresan esta inquietud est un decreto real del Primer Perodo Intermedio (circa 2130-1980 a.C.):

Cualquier persona en toda esta tierra que haga algo daino o perverso a sus estatuas, losas, capillas, carpintera o monumentos que se encuentran en los recintos de cualquier templo, Mi Majestad no permitir que su propiedad ni la de sus padres permanezca con ellos, ni que se una a los espritus de la necrpolis, ni que permanezca entrelos vivos.

Los ataques contra las tumbas eran igualmente graves y temidos.

Un hombre llamado Wersu de Coptos, que vivi durante la dinasta XVIII (circa 1539-1295 a.C.), registr una amenaza que rezaba:

En cuanto a cualquiera que ataque mi cadver en la necrpolis, que quite mi estatua de mi tumba, [el dios del Sol] Ra lo odiar. No tendr agua del altar de [el dios] Osiris, no transmitir su propiedad a sus hijos jams.

Y la nariz?

Las mutilaciones tenan entonces la intencin de coartar poder y eso poda lograrse de diferentes maneras.

La cabeza de una estatua que representa a Cleopatra (69 a. C.-30 a. C.), el ltimo faran activo del Antiguo Egipto Getty Images Ni siquiera la hermosa Cleopatra (69 a.C.-30 a.C.) se salv.

Si queras impedir que los humanos representados hicieran las tan necesarias ofrendas a los dioses, podas quitarles el brazo que comnmente se utilizaba para tal tarea: el izquierdo.

Si preferas que el dios no los escuchara, le quitabas a la deidad sus orejas.

Si tu intencin era acabar con todas las posibilidades de comunicacin, separar la cabeza del cuerpo era una buena opcin.

Pero quizs el mtodo ms efectivo y expedito para hacer realidad tus deseos era quitarles la nariz.

"La nariz era la fuente del aliento, el aliento de la vida; la forma ms fcil de matar al espritu interior es asfixiarlo quitndole la nariz", explica Bleiberg.

Un par de golpes con martillo y cincel, y problema resuelto.

Lo paradjico, despus de todo, es que esa compulsin por destruir las imgenes es prueba de cun importantes eran stas para aquella gran civilizacin.