El conflicto institucional alcanzó un punto crítico tras la iniciativa del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de crear la sociedad comercial FIFA Forward Enterprise para poner a la venta entre un 20% y un 30% de las participaciones del Mundial de Mayores, el Mundial de Clubes y otras competencias a fondos de inversión privados. Desde la confederación presidida por Aleksander Ceferin sostuvieron que la Copa del Mundo es un legado deportivo construido por generaciones y remarcaron categóricamente que el torneo no puede considerarse un producto de inversión ni está a la venta.
En su postura institucional, el organismo europeo calificó como irresponsable, indefendible y antidemocrático el hecho de que la FIFA haya elaborado el proyecto de privatización en secreto y al borde de su aprobación, sometiendo a las federaciones a un ultimátum basado en la coacción. Asimismo, la UEFA advirtió sobre las consecuencias irreversibles que provocaría el ingreso de capitales externos en la gobernanza deportiva, señalando que los formatos de torneo, las decisiones del calendario y el futuro del fútbol pasarían a responder a la maximización de ganancias de los accionistas por encima de los intereses de jugadores, clubes y aficionados. La postura de Europa fue tajante al señalar que no legitimará un esquema que busque hipotecar el deporte por dinero y que sus federaciones resistirán la medida con absoluta determinación.
El anuncio de boicot genera un impacto inmediato y abre una profunda incertidumbre sobre el calendario de la FIFA para los próximos meses y años. La primera competencia afectada sería la Copa Mundial Femenina Sub-20, programada para disputarse en Polonia entre el 5 y el 27 de septiembre, certamen que cuenta con la clasificación de seis seleccionados europeos. De igual manera, el conflicto compromete el desarrollo del Mundial Femenino Sub-17 en Marruecos, el Mundial Masculino Sub-17 en Qatar, los clasificatorios europeos y grandes citas como el Mundial Femenino de Brasil 2027 y la Copa del Mundo Masculina de 2030, cuya organización conjunta está prevista justamente en España, Portugal y Marruecos.
Ante la drástica resolución de las 55 asociaciones europeas, la FIFA enfrenta una crisis de gobernanza sin precedentes que exige una resolución inmediata para evitar la paralización de sus torneos. Si bien Infantino justificó la creación de la nueva empresa bajo el argumento de elevar la financiación para las 211 asociaciones miembro a más de 10.000 millones de dólares en cuatro años, la UEFA supeditó el regreso de sus selecciones a que la propuesta sea abandonada por completo y se emitan garantías vinculantes de que la FIFA nunca volverá a abrir sus competiciones a la propiedad privada.



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