Hace apenas dos meses, don Nelson Pesoa arrancó su emprendimiento con 30 ejemplares bien alimentados y bajo control veterinario. Cada día ordeña unos 4 litritos que se van como pan caliente (pero sin colesterol, ndaje). ¿El precio? G. 100.000 el litro. Sí, leíste bien. A ese precio, la burra ya casi factura más que muchos profesionales.

Al principio, los vecinos miraban de reojo. Ahora miran el celular para agendar el número y pedir su dosis “milagrosa”.

“Me curé de la diabetes”

Entre las anécdotas que más le sorprendieron a don Nelson está la de un señor que tomó un litro entero y luego fue a hacerse estudios. Según el relato, el médico le dijo que ya no tenía diabetes. Cuando contó que había tomado leche de burra, el doctor se rió capaz pensando: “¿Y si empiezo a recetar establos?”

Eso sí, antes de que alguien cambie la farmacia por el corral, vale aclarar: aunque instituciones como la Universidad de Pisa, la Universidad de Valladolid y el CONICET estudiaron su valor nutricional, y revistas científicas como Journal of Dairy Science analizaron sus propiedades, no existe evidencia científica en humanos que confirme que cure la diabetes.

O sea: nutritiva, sí, milagrosa despacito ahí.

¿Cómo se toma?

Los fanáticos recomiendan medio vaso al día, en ayunas o antes de dormir. Se puede endulzar con miel y ponerle canela, para que el remedio pase más suavecito. Porque si vamos a creer en milagros, al menos que tengan buen sabor.

La leche de burra es baja en calorías, tiene proteínas interesantes y dicen que es parecida a la leche materna. Pero de ahí a que cure todo asma, colesterol, hígado graso, problemas pulmonares y hasta el mal de amores ya estamos hablando de otro nivel.

Por ahora, en San Pablo la burra no solo rebuzna, también factura.