Como manda la tradición, yace en un triple ataúd: el primero madera de ciprés, el segundo, sellado, de zinc y el tercero, cubriendo el resto, de olmo barnizado.

Antes de este acto reservado a unos pocos elegidos, unos cincuenta mil fieles y un pequeño grupo de jefes de Estado y Gobierno y miembros de la realeza dieron su último adiós al papa emérito en la plaza de San Pedro del Vaticano.

El papa Francisco, que llegó al funeral en silla de ruedas, le rindió homenaje y dedicó palabras de elogio.

Concluye así un extraño periodo en el que han convivido en el Vaticano dos Papas con perfiles muy distintos. El emérito, Benedicto XVI, que renunció a su cargo en 2013, era un teólogo brillante, pero controvertido por su defensa a ultranza de la doctrina conservadora.

Durante la vigilia de tres días en que se expuso su cuerpo, acudieron a rendirle homenaje más de 200 000 fieles.