Antes, fueron tomadas medidas de limitación de movimientos en la región de Wuhan, metrópolis de 11 millones de habitantes ubicada en el centro de China y epicentro de la enfermedad, que afecta a unos 50 millones de chinos y a varios miles, aunque aun no cuantificados oficialmente, en Corea del Sur, Irán y Corea del Norte.
Por otra parte, en Latinoamérica, luego del primer fallecido en Argentina el sábado, hubo otros tres casos confirmados con lo que suman 13. En Perú suman siete los infectados, entre ellos un niño de siete años. Mientras que en Brasil ocho personas se encuentran afectados con el mal.
En Chile un adolescente que recientemente llegó de Italia dio positivo con la enfermedad y elevó la cifra a 10 infectados.
Una cuarentena es un aislamiento temporal impuesto a personas, naves o animales que provienen de un país infectado por una enfermedad contagiosa.
El cordón sanitario consiste en puestos de vigilancia para controlar y bloquear las entradas o salidas de una zona afectada por una epidemia.
En el caso de la epidemia china, es el equivalente a un enorme cordón sanitario el que se instaló alrededor de la región de Wuhan.
Las medidas de restricción de los movimientos pueden ser “contraproducentes”, generando pánico e incitando a las personas a huir a toda costa, señaló el especialista británico Tom Solomon.
También pueden conducir a problemas sociales como ocurrió en Bombay durante la epidemia de la peste a fines del siglo XIX, debido a hospitalizaciones forzadas de hombres y mujeres sin distinción de casta, explicó Patrick Zylberman.
La epidemia del SRAS en China provocó en 2003, disturbios y manifestaciones violentas en las regiones de Nankín y Shangái (este) después de cuarentenas brutales, señaló este historiador en su ensayo “Tormentas microbianas”.
Incertidumbre
“Nos han catapultado a una situación de incertidumbre, de angustia”, reconoce desde Milán Pina Antinucci, psicoanalista, en una charla por teléfono con la AFP.
Como la mayoría de los milaneses, Antinucci reconoce que es un momento difícil para esa ciudad, motor económico del país, por lo que desde hace dos semanas trabaja por internet con sus pacientes.
La ciudad, que ayer disfrutaba de un sol agradable, estaba casi desierta, la poca gente que se atrevía a salir respetaba la distancia de más de un metro, algunos caminaban, otros corrían.
Los habitantes de Milán, alertados el sábado por los medios italianos, se están resignando a una vida lenta.
Un periodista de la AFP recorrió las principales plazas y estaciones de tren y metro y se encontró con un domingo tranquilo, sin ninguna manifestación de pánico, ni controles de policía.
Los aeropuertos permanecían abiertos, aunque está prohibido abandonar las áreas en donde rige la cuarentena, llamadas “zonas rojas”.



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