Joyce Poole, del Proyecto de Investigación de Elefantes de Amboseli en Kenia, explicó a New Scientist que los elefantes son lo bastante inteligentes y tienen memoria suficiente como para vengarse.
Según indicó, los gestores de vida salvaje pueden considerar más fácil disparar a los "elefantes problemáticos" que enfrentar la ira de la gente por la destrucción de sus aldeas, sin que los cazadores sean conscientes de las posibles consecuencias para los miembros restantes de la manada y de la posibilidad, muy real, de desencadenar un ciclo de violencia. Cabe asumir que un elefante es capaz de reconocer a un cazador y que seguramente no sean bienvenidos.



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