“El evangelio de hoy nos cuenta la expulsión de los vendedores del templo, en donde Jesús expulsó el dinero del templo, esto fue un acto profético. La gente le preguntó con qué derecho hizo eso, pidieron una señal de que tenía la autoridad para hacerlo y él le respondió: ‘Destruyan este templo y en tres días lo levantaré’, pero no comprendieron. Cuando resucitó entre los muertos, los discípulos se acordaron de su palabra y de las escrituras, y lo entendieron”.
“Caminemos en el mundo como Jesús, hagamos de nuestra existencia un símbolo de su amor para nuestros hermanos, aquello que nos une es lo que debemos buscar, especialmente para con los más débiles y los más pobres. Construyamos para Dios un templo de nuestra vida”.
“Cada uno de nosotros tiene que llevar dentro los frutos del Espíritu Santo, una persona bondadosa, alegre, el dominio de sí mismo, no ser grosero. Si somos testigos de este Cristo Vivo, mucha gente encontrará a Jesús en nuestro testimonio”.
“Tengo miedo de que Jesús me reprenda, pero Jesús no reprende, va a hacer la limpieza con ternura, con misericordia, ese es su modo de limpiar con delicadeza, porque nos quiere muchísimo, dejemos que el Señor entre para hacer la limpieza en nuestros corazones que necesitamos con urgencia”.



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