La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México informó del accidente ocurrido en el estadio, que será una de las sedes del Mundial que se disputará en México, Canadá y Estados Unidos

“En la zona de palcos, un aficionado en estado de ebriedad intentó bajar del segundo al primer nivel brincando por la parte externa, lo que provocó que cayera hasta la planta baja, por lo que fue atendido por personal médico, pero perdió la vida”, anunció la Secretaría en su cuenta de ‘X’.

Lo que se supone debería ser una fiesta se vio empañada ante el intento de saltar de esta persona entre los niveles externos del estadio para llegar a un nivel inferior. En el césped, la selección mexicana sobrevivió al acoso de un Portugal superior y empató 0-0.

La reapertura del Azteca implicó a numerosos cuerpos de seguridad que cerraron un perímetro de un kilómetro a la redonda del recinto, al que sólo pudieron acceder aficionados con boleto y personal acreditado.

Ante las estrictas medidas, las calles cercanas al estadio se notaron apagadas sin las características porras, caras pintadas y efervescencia para un día, se supone, tan esperado.

El andar de los hinchas fue lento. Las barreras metálicas colocadas desde metros antes de los torniquetes apagaron los sentidos de los seguidores, más ocupados en no tropezar con los obstáculos que pensar en entonar algún cántico.

En la explanada del Azteca las cosas no mejoraron. La gente hizo fila en las contadas opciones de camiones que venden comida rápida, el resto caminó como si recorriera un gran centro comercial, aunque no hay banderas, gorras, camisetas, ni nada que comprar.

Dentro, Emilio Azcárraga, directivo del fútbol mexicano, dio la bienvenida a Gianni Infantino, presidente de FIFA, ante tímidos aplausos en la tribuna.

Es el nuevo Azteca, que tiene asientos nuevos, un mejor juego de luces y sonido, pero parece extrañar el alma del viejo Azteca y el calor de su afición.