Hasta febrero pasado, el joven se encontraba estudiando en Rusia. Había firmado un contrato con el Ministerio de Defensa, que se ofreció a pagar sus estudios y le garantizaba alojamiento en una residencia estudiantil, cuenta Nikita a DW, y agrega que, a cambio, él se comprometía a prestar servicio militar por tres años.

"El contrato lo firmé por ingenio. Muchas cosas no me quedaron claras. Pensé: 'bueno, desperdiciaré tres años en el Ejército, pero, a cambio, podría estudiar'", explica.

Cuando Nikita fue llamado a filas, dejó su puesto, pero las autoridades militares no aceptaron su renuncia y le ofrecieron trasladarlo a otro puesto: "En septiembre, me cambiaron nuevamente de puesto. Estaba trabajando con tecnología militar y, en caso de un ataque , hubiera tenido que rechazar al enemigo".

El joven entendió que en cualquier momento podría ser enviado a Ucrania, por lo que abandonó Rusia , y huyó a la vecina Georgia. Estaba consciente del riesgo de tener que esconderse del gobierno en Moscú y no poder regresar jamás a Rusia. "No tengo miedo de morir o de acabar en la cárcel. Pero no quiero matar a personas", subraya.

Kazajistán: refugiados rusos esperan ser registrados como migrantes.

Millas de casos por deserción

Según los defensores de los derechos humanos, hay más de mil juicios en curso por supuesta deserción. Grigory Sverdlin, de la oenegé rusa Idite Lesom, calcula que el número de desertores es incluso mucho mayor. Su organizacion los ayuda a huir al extranjero.

Sverdlin asegura que algunos hombres temen la movilización, mientras que otros ya combatieron en el frente. "Recibimos muchos informes sobre el caos en el frente: a veces, nadie sabe dónde están los comandantes. Algunos cuentan que fueron abandonados en un campo abierto, sin tener la más mínima idea de lo que tienen que hacer. Además, se cuenta que el el entrenamiento de los reclutas solo consiste en disparar una vez con una ametralladora".

"Esa loteria llamada guerra"

Igor Sandzhiev, un ruso de 46 años, sufrió de primera mano el caos en los campamentos de entrenamiento. Usa su nombre real porque quiere que se dé a conocer su historia.

A finales del año pasado, fue llamado a reportarse con el Ejército, supuestamente, para comparar sus datos personales. No obstante, en cuanto se presentó en la oficina, fue enviado inmediatamente a un campamento de entrenamiento militar. Unas pocas semanas después serían enviados al frente.

Igor se quedó huir. Sabía que podría acabar en la cárcel, pero no quería morir en Ucrania: "No quiero jugar esa lotería llamada guerra, que Putin está organizando". Según informes de medios, la guerra ya se habría cobrado la vida de decenas de millas de rusos. Sin embargo, no es posible confirmar esta información.

Perseguido en Bielorrusia

Kazajistán no es el primer país al que huyó Igor. Primero viajó a Bielorrusia, donde fue aprehendido por la Policía y trasladado a un campamento de entrenamiento en Volgogrado. Volvió a huir, esta vez a Kazajistán. No obstante, las autoridades rechazaron su solicitud de asilo. Ahora, teme ser expulsado a Rusia.

También el destino del joven Nikita, en Georgia, es incierto. Se siente inseguro y teme al Estado ruso. Cuenta que a veces tiene una pesadilla en la que su antiguo jefe toca a su puerta y le dice: "Ven, te hemos encontrado".

(vt/cp)