Luis María Argaña, entonces vicepresidente de la República y presidente del Partido Colorado, fue asesinado el 23 de marzo de 1999. Su muerte generó conmoción nacional y marcó un punto de inflexión en la política paraguaya.
Nelson Argaña recordó cómo se enteró del atentado: “Yo también tenía un walkie y escuché cuando el chofer gritó ‘¡atentado, atentado!’”. Relató que acudió inmediatamente al lugar y acompañó a su padre en la ambulancia. “Pensé que estaba vivo, le golpeaban el pecho, le tomé la mano y le dije palabras fuertes mientras rezaba como loco”, afirmó. Sobre la autopsia, agregó: “Entré y parecía una pesadilla”.

El hijo del exvicepresidente describió la reacción de la familia tras el asesinato: “Sentimos un espíritu de venganza, odio y rencor como nunca, un odio visceral y unas ganas de venganza, si ahí mismo podía matar gente, era fuertísimo”.
Nelson Argaña también analizó los efectos políticos del crimen. Sobre el golpe de Estado y la figura de Andrés Rodríguez, afirmó: “Los golpes los piensan hombres inteligentes, los ejecutan hombres valientes como los del ejército, pero se aprovechan los grandes sinvergüenzas”, y vinculó estos hechos con el origen del crimen organizado en Paraguay, citando la caída de una carga de heroína en Miami en 1970.

Respecto a las elecciones que lo perjudicaron, señaló: “No es que Wasmosy le ganó, Argaña pierde lejos, pero un equipo de mafiosos hizo que el Tribunal Electoral diga ‘ganó el gallo muerto’. Ahí viene el infortunio del Paraguay porque ahí empieza el po karé. Argaña tuvo que haber sido presidente, pero no lo fue”.
Sobre la necesidad de reconciliación, Nelson concluyó: “Debe existir una reconciliación de todos los paraguayos, sin distinción de banderías políticas, para levantar adelante a este pueblo”.

Ñanduti



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