Los recientes operativos en puertos europeos han puesto de manifiesto esta preocupante situación, donde se han decomisado grandes cantidades de cocaína provenientes de Paraguay. Si bien nuestro país no es productor de dicha droga, es evidente que los grandes cárteles ya han instalado sus plantas de procesamiento en el país para la producción a escala industrial de cocaína.
En un operativo sin precedentes, las autoridades aduaneras de Alemania lograron incautar una cantidad récord de aproximadamente 10 toneladas de cocaína en el puerto de Hamburgo. El valor estimado en el mercado callejero para esta incautación asciende a más de 500 millones de euros, y se cree que la droga estaba destinada a organizaciones criminales en Europa.
El éxito de este operativo destaca la importancia de la cooperación entre las agencias de seguridad y aduanas en la lucha contra el tráfico de drogas. Esto se logró en Alemania, donde, basándose en información precisa, lograron ubicar la carga.
En contraste, en Paraguay se percibe la necesidad de fortalecer los mecanismos de control aduanero para combatir de manera efectiva a las organizaciones delictivas. La aduana, durante años, ha sido considerada tierra liberada, donde los funcionarios se vuelven multimillonarios de la noche a la mañana. Dicha institución del Estado se ha convertido en una estructura corrupta de recaudaciones ilegales, que ningún gobierno se ha atrevido a desmantelar.
En setiembre del año pasado se anunció que la Dirección Nacional de Aduanas contaría con 10 potentes escáneres para la verificación de los contenedores. Con gran pompa, el director Julio Fernández venía anunciando la puesta en funcionamiento de dichos equipos. Sin embargo, la incautación de 10 toneladas de cocaína en Alemania deja en evidencia que, además de equipos sofisticados, es necesario combatir la corrupción dentro de la institución de control.
El puerto de Hamburgo, uno de los más transitados de Europa, se ha convertido en un objetivo clave para las organizaciones criminales que intentan introducir drogas ilegales en el continente. La codiciada hidrovía en los últimos tiempos se ha convertido en el canal principal del comercio ilegal, debido a la debilidad de los controles en los diversos puertos que operan a lo largo de esta vía.
De esta forma, nuestro país se constituye en una escala importante para el tráfico de cocaína desde países productores como Colombia, Perú y Bolivia. La debilidad de los controles y la corrupción de los organismos de seguridad han permitido que traficantes y bandas narcotraficantes, incluido el Primer Comando da Capital (PCC), se hayan instalado en el país y operen con total normalidad, teniendo inclusive protección política.



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